Blog de Javier Echaide

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Argentina: ganó la derecha

24 November, 2015 - 03:04
Es la primera vez que la Argentina tiene un presidente conservador en 72 años. Por una exigua diferencia de un 2,8% (poco más de 700.000 votos), Mauricio Macri ha sido elegido por la voluntad popular en el ballotage celebrado en el día de ayer.

El fin de la "Era K"

Eran pocos los que, a las alturas de la 2da vuelta electoral, insistían con una "continuidad del proyecto" más allá del 10 de diciembre. Lo que estaba en juego era la tonalidad del cambio que seguiría: el grado de ese giro que significaría el cambio de gobierno para la Argentina.

Los tres candidatos mejor posicionados en las primarias (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) tenían mayores puntos en común que divergencias, por lo que la "derechización" del gobierno  siguiente era algo evidente (al menos para quien escribe y con quienes he conversado puede atestiguarlo así) desde hacía -cuanto menos- año y medio. Ello significaba que este gobierno tan difícil de clasificar (¿de centro?) llamado kirchnerismo tenía su finalización marcada por el calendario electoral, marcando de ese modo el final de una época.

Algunas lecturas comunes hablan de que el surgimiento del PRO fue el "punto de inflexión" que signoficó el 2008 y la llada entonces "crisis del campo", lo cual resulta en un error ya no de interpretación sino de rigor histórico y de seriedad en los datos. El PRO (en rigor, el partido se llama Propuesta Republicana) fue creado en el año 2005 como fusión de tres partidos: Compromiso por el Cambio -liderado por Mauricio Macri y una escisión del Partido Justicialista de donde él había surgido originalmente y otros partidos menores como el Partido Demócrata Progresista -que varió su denominación a solamente Partido Demócrata-, el partido Recrear para el Cambio -liderado por Ricardo López Murphy y una escisión del radicalismo, de dónde él se había apartado- y del Partido Federal. Todos estos partidos y referentes se alejaron de sus estructuras partidarias originarias -López Murphy sobre todo- por sus discrepancias en cuanto a un alejamiento de las políticas neoliberales del Consenso de Washington, pues más bien abogaban por su mantenimiento, como bien lo demostró López Murphy estando como Ministro de Economía en el gobierno del radical Fernando De La Rúa.

Por su lado, Mauricio Macri inició su carrera política en 2003 fundando un partido propio por fuera del peronismo, movimiento con el que había intentado coquetear, especialmente dentro de sectores afines al menemismo (recordemos que en 2003, Carlos Menem fue el candidato a presidente más votado en la 1ra vuelta con Néstor Kirchner detrás), aunque sin éxito.

Como logro, la creación del PRO, así como la unificación de los Partidos Socialistas (el Democrático y el Popular) en Argentina, fueron las únicas acciones dentro de las estructuras partidarias al simbronazo que fue la crisis que eclosionó el 19 y 20 de diciembre de 2001. En este sentido, la construcción del PRO ha sido más un lento armado de recuperación de los sectores liberales conservadores a dicha crisis que una "reacción espontánea" al kirchnerismo. No ha tenido nada de espontáneo: su planificación fue lenta y se centró en la ciudad de Buenos Aires, en las clases medias y altas, ampliándose luego a ciertos sectores bajos, sobre todo en los últimos dos años.

Ahora el kirchnerismo pasa a un rol desconocido hasta el momento: conservar ciertos resortes institucionales (recordemos que las elecciones legislativas no mostraron demasiados cambios en el Congreso Nacional, donde el kirchnerismo no tendrá mayoría absoluta pero mantendrá la primera minoría) pero sin estar el ejercicio del poder. Conserva un caudal político importante pero que no puede medirse con las elecciones del pasado domingo, y sin dudas que su rol como oposición le significará un desafío.

Qué sale. Qué queda

Di de desafíos hablamos, uno de los principales que el nuevo gobierno de Macri deberá enfrentar es en cuanto al mantenimiento de las políticas sociales logradas por el kirchnerismo. Durante los últimos meses se habló de la "kirchnerización" del discurso de Macri, en el sentido de acercar su línea política a algunas de las medidas tomadas por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, tal como la Asignación Universal por Hijo (AUH), el matrimonio igualitario, los juicios abiertos contra los represores de la última dictadura militar, la estatización de las AFJP, Aerolíneas Argentinas o de la expropiación del 51% de las acciones de YPF de las manos de la transnacional española Repsol: en todos estos casos Macri ha confirmado que mantendría dichas políticas, aún cuando ha votado en contra de todas ellas al momento de ser tomadas.

La consigna con la que el macrismo se posisionó electoralmente y finalmente accedió al gobierno ayer fue con la consigna del "cambio". Y el mayor cambio que Macri dice encarnar es un cambio en las formas de gobernar. Sin embargo, ¿es realmente sólo en las formas dicho cambio? No. Los principales virajes es posible que provengan de aquello sobre lo que precisamente no se habló durante la campaña: la política exterior y lo que se vincule con los mercados internacionales.

La forma en que Argentina se inserta a dichos mercados está determinada en parte por las condiciones internas, pero también por las decisiones políticas que se toman. Muestra de ello es la falta de ingreso de Argentina a esquemas de integración alternativa a la hegemónica, como el ALBA por ejemplo, durante el propio kirchnerismo (a pesar de la exageración que es la identificación directa con la que la derecha nacional hace de los gobiernos de Cristina y Néstor Kirchner con el chavismo venezolano). Es probable que el no ingreso argentino a dicho eje pueda deberse a la falta de incentivos económicos que los países del ALBA pueden significar para un mercado como el argentino o el brasileño. Pero ello no explica el por qué sí al ingreso de Venezuela al Mercosur. Ello se debe al aporte que la producción venezolana sí hace y sí sirve a los países de nuestro bloque regional en materia energética frente a mercados -precisamente como el argentino y el brasileño- que sí necesitan de esos recursos.

Hoy el flamante presidente electo manifestó su compromiso de presentar un pedido de suspensión de Venezuela del Mercosur, cuestionando la legitimidad democrática en dicho país. La suspensión indefectiblemente impactará no solamente en los derechos de Venezuela sino también en sus obligaciones hacia el bloque... Y eso es algo que evidentemente Macri desconoce o muestra absoluta despreocupación: como si la matríz energética argentina diera de sobra.

Más allá de esto, la "cláusula democrática" que Macri invoca ahora para la suspensión de Venezuela del Mercosur, es la ruptura institucional en un Estado miembro. El Protocolo de Usuhaia de 1998 prevé que, ante un quiebre institucional, pueda suspenderse a un país miembro del bloque. Esa ruptura significa un golpe de Estado, una suplantación irregular del primer mandatario o alguna figura similar. Venezuela no ha tenido un quiebre institucional en dicho sentido, al margen de los enfrentamientos que mutuamente tienen el gobierno de Maduro con los medios de comunicación y la oposición. En lo jurídico, asimilar lo ocurrido en Paraguay (un cambio irregular en el mandato presidencial en 2012) con un "golpe de Estado" no ocurrido en Venezuela es desafiar la imaginación. En lo político tampoco esto tiene demasiado asidero: las decisiones en el Mercosur se toman por consenso. Un voto de apoyo por parte de países como Brasil y Uruguay al deseo de Macri sería algo francamente descabellado.

Un TLC con la UE y un ingreso a Acuerdo Transpacífico (desde el Atlántico)

Pero lo que sí no resulta descabellado es la política exterior que depende de la decisión unilateral del gobierno electo.

Se ha hablado mucho del "alineamiento político" al eje de Chávez, lo cual es algo a relativizar, aunque sí se ha marcado un modo en que la región sudamericana se ha autoidentificado frente al mundo. El rechazo de las políticas librecambistas del ALCA tuvo dos motivos: uno político y otro económico. Van de la mano y un cambio en la decisión política no irá acompañada de resultados económicos que la avalen, puesto que el simple "sí" de la Argentina al ingreso a la Alianza del Pacífico o del TLC con la Unión Europea (ambas mencionadas hoy como posibles medidas a tomar por el gobierno macrista) no alterará la división internacional del trabajo a la que Argentina se encuentra inserta: las políticas de libre comercio para un país como el nuestro implican una especialización de la economía en base a la exportación de commodities, los cuales históricamente tienen un precio tendiente a la baja en el largo plazo. Y el kirchnerismo lo supo a la fuerza, creyendo que el crecimiento "a tasas chinas" había llegado para quedarse con tasas de crecimiento al 8 y 9% por el aumento de exportaciones en base a la compra de soja por el ingreso de China al mecado mundial. Lo curioso fue que, en ese campo, el gobierno kirchnerista, caracterizado por la intervención económica, impulsó las fuerzas del mercado que profundizaron la "sojización" de la tierra y la primarización de la economía, y dedicó el proceso de industrialización al reemplazo de bienes en el mercado interno, pero no a una real industrialización. ¿Que es caro industrializarse? Sin dudas. Pero si no se impulsó con creimientos de 8 y 9%, resulta una ocurrencia pretender hacerlo cuando se está con dichos valores al 1 o 2% anual.

En este contexto, apostar por una incersión global como país agroexportador (teniendo además la matríz agroexportadora fuertemente extranjerizada) torna mucho más dependiente a un país como el nuestro a los intereses de los mercados internacionales. El libre comercio de los TLC conlleva consigo la liberalización del flujo de capitales, lo cual, en una economía como la nuestra, tiende a generar una salida mayor de divisas que su ingreso. Ello significará una extracción de recursos -económicos y naturales- hacia el extranjero. La única forma de sostener dicho modelo es mediante el ingreso de divisas. Se invoca generalmente el incentivo a la llegada de inversiones extranjeras. El neoliberalismo lo hizo mediante el proceso de privatizaciones: el Estado dejó la gestión de servicios públicos en manos de privados extranjeros que en su mayoría resultaron relativamente innovadores en el corto plazo pero retacearon inversiones comprometidas, aportaron tecnologías atrasadas y transfierieron los costos de sus producciones en las matrices a las filiales aquí alojadas (los precios de transferencia son un claro ejemplo de ello). En un marco internacional de crisis económica, abrirse en estos términos es una invitación a que dicha crisis llegue a nuestras casas con toda su fuerza.

A ello se suma el entramado de protección de inversiones que Argentina no ha tocado un ápice en 20 años. Nuestro país posee 58 tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI) -56 vigentes- que no son mas que copias resumidas de lo que era el Capítulo de Inversiones del ALCA. Estos TBI habilitan (en rigor establecen el ius standi necesario) para que los inversionistas planteen demandas arbitrales en el CIADI, del Banco Mundial. Argentina es el país más demandado en el mundo en el CIADI por estas cuestiones. Probado está, a 20 años de haber sido celebrados, que los TBI no atrajeron inversiones (la UNCTAD, antigua promotora de estos tratados, es quien ha presentado informes con estos datos en 2009), pero las privatizaciones sí. Un ingreso de capitales en una economía abierta, altamente extranjerizada y con esta red de "contención jurídica" es nada menos que una bomba de tiempo para las cuentas públicas: actualmente Argentina tiene comprometido más del 25% de su presupuesto anual en demandas en el CIADI (probablemente más a raíz de las dificultades en la medición de cuentas y la transparencia de datos tanto de la administración pública como del organismo del CIADI), las cuales no serán tan sencillas de pagar "contante y sonante" como Macri ha manifestado hacer con la demanda de los fondos buitres.

El "voto en blanco" de la izquierda

En la caza de chivos expiatorios, mucho se especuló sobre la (errada o acertada, dependerá del lector) decisión de la izquierda de optar por el voto en blanco para el ballotage. Con los resultados sobre la mesa, las acusaciones por parte del kirchnerismo sobre dicha decisión no se hicieron esperar. Pero ello resulta no sólo no ser original, sino además un grave error.

El Frente de Izquierda (FIT) alcanzó casi los 4 millones de votos hace un mes. La diferencia de Macri con Scioli fue de 700.000 votos. Si se hace una lectura a modo muy grosero, lo dicho significa que solamente el 17,5% de los votos del FIT efectivamente votaron en blanco siguiendo "la línea del partido", lo que deja en un manto crítico sobre la capacidad que esa izquierda posee sobre sus propios votos. También evidencia la falta de asidero de la crítica del kirchnerismo (como de la poca autocrítica propia): la elección, si se perdió (como si el adversario tuviera absolutamente ningún acierto en su campaña), se perdió por causas propias, no ajenas.

La izquierda que jugó fuerte por el voto en blanco, por su parte, perdió en grande. Del lado del FIT o del lado de la centroizquierda de Margarita Stolbizer (algunas de sus agrupaciones aliadas llamaron al voto en blanco, mas no ella, que manifestó su apoyo al macrismo). Demostró falta de organicidad y una atomización pocas veces vista, aunque otra posible lectura pueda ser que ese sector del electorado está altamente capacitado para tomar sus propias decisiones por fuera de las estructuras partidarias. Así, esa izquierda que muchas veces hace gala de su nivel de organización, en esta oportunidad hizo agua y se notó: el 82,5% de su electorado eligió seguir sus propias convicciones y optó, haciendo caso omiso a los llamados partidarios.

Se abren con ello reflexiones sobre qué caracteriza al votante en la actualidad, mucho más cerca del ciudadano individual que de la organicidad partidaria (y en eso, la apelación del PRO a ese elector atomizado haya sido unos de sus principales aciertos). El desafío de Scioli (un andidato corrido a la centroderecha) era atraer a un voto de izquierda que le huía. Esos 4 millones de votos no habrían de sumarse al PRO por cuestioens ideológicas, pero tampoco significaba que se sumaran automáticamente a las filas del kirchnerismo que los relegó. Había, pues, que salir a buscar ese voto. La "militancia de a pie" lo entendió, aunque no todos lo hicieron así.

La opción para ello (y lo advertimos oportunamente) podía ser en hacer hincapié en las propuestas: un programa progresista que incorporase algunas críticas al kirchnerismo (lo cual podía tensar su relación interna, pero con un gobierno saliente y con unas bases desesperadas por un triunfo electoral) en materia de políticas concretas sobre las que están abiertamente interesados -megaminería, organismos transgénicos, recursos naturales, protección de inversiones, trabajo, distribución del ingreso, participación en las ganancias, derechos de género, libertad y educación sexual, aborto, propiedad indígena, etc.- Se vio muy poco (o nada) de eso en las últimas semanas antes del ballotage. De hecho, el macrismo se les adelantó al visitar la carpa que desde hace gran cantidad de meses mantienen apostada en Av. 9 de Julio y Av. de Mayo los representantes del pueblo indígena qom, provenientes del Chaco y Formosa (provincias donde paradójicamente el kirchnerismo ganó -ver mapa-). Macri salió de esa reunión con una carta compromiso formada y fotografías en todos los periódicos. No hubo reacción desde el oficialismo...

Una nueva derecha

Un argumento simplista es caracterizar a la izquierda como dividida, como si la derecha no tampoco lo estuviera. Hay más internacionales partidarias de derecha que de izquierda, y hay más partidos de tendencia ideológica de derechas que de izquierdas. Sin embargo, la "división" parece ser sólo propiedad de estos últimos...

Lo cierto es que ni la izquierda ni la derecha son patrimonio de un solo partido, y ni siquiera de la estructura de partidos políticos. Tampoco hay "una sola izquierda" como no hay "una sola derecha": hay variedades tanto dentro del marxismo como del liberalismo. Y eso también se expresa en elecciones. Sin ir más lejos, las opciones mejor posisionadas en la 1ra vuelta eran tres versiones de derechas distintas, alguna más corrida al centro que otra. La derecha de Macri es una derecha "amoldada": ha aprendido de los partidos catch all norteamericanos la facultad de acomodar sus plataformas electorales a las encuestas de opinión, relegando al olvido sus programas políticos o vaciándolos por completo de contenidos. Los esquemas partidariso europeos, clásicos, han perdido terreno frente a estos nuevos perfiles mucho más flexibles, dúctiles e indefinidos, mejor adaptados para pasar de ser una representación de la agenda de la derecha organizada a una afiliación "a la paz, al amor y a la felicidad" en menos de un año. El electorado es tratado individualmente e interpelado en esa individualidad ("en todo estás VOS", es el slogan del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, dirigido por el PRO desde hace 8 años) con mensajes que se acercan más a un producto publicitario de una marca de gaseosas que a un proyecto político, pero que no obstante encuentran un público atraído por esa interpelación diferente, más sincera, menos acartonada que acostumbran los "políticos de raza".

Esa nueva derecha no está sola, ya que el PRO argentino no es la única expresión. Sectores en Venezuela, Chile, en parte Brasil, también ensayan esta nueva habilidad de amoldarse a las demandas individuales. Esa es una posible derecha nueva en la región a la que habrá que prestar atención, pues es una nueva expresión del tiempo que viene.

Juan José Castelli, "la voz de la Revolución de Mayo" de 1810, expresó en sus últimas palabras tan tristes ante el avance de los contrarrevolucionarios en 1812: "Si ves al futuro, decile que no venga..." Otro gran vocero de la cultura popular, esta vez de la música moderna, el "Indio" Solari, bien podría ilustrarnos completando esa frase con otra, de sus canciones, diciendo: "El futuro llegó... hace rato".
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A 10 años del "No al ALCA": el futuro de la política exterior argentina

5 November, 2015 - 14:43

El 5 de noviembre de 2005, en la ciudad balnearia de Mar del Plata, Argentina, fue el "entierro del ALCA". Para quienes lo recuerden, allí se dieron cita los presidentes de los 34 Estados del hemisferio miembros activos de la Organización de Estados Americanos (OEA) -todos excepto Cuba- con la intención de firmar el texto que debía finalizar las negociaciones -iniciadas la década anterior, en 1994- del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Pero también se dieron cita un centenar de miles de personas que se movilizaron hacia Mar del Plata provenientes no sólo de Argentina, sino de todo el continente: esa fue la "III Cumbre de los Pueblos", políticamente enfrentada a la IV Cumbre de las Américas oficial.

¿Dos historias?

Es notorio cómo a 10 años de aquellos sucesos parecieran quedar en una especie de posible registro histórico dos historias. Es común ver grabaciones filmicas del entonces presidente venezolano Hugo Chávez diciendo "Yo lo ví a Néstor (Kirchner) luchando contra viento y marea... Dando batalla contra el Imperio", en referencia a su rol como coordinador anfitrión de la Cumbre oficial, mediando la palabra y sosteniendo las posiciones reticentes a la firma del acuerdo continental, junto con Chávez, y los entonces presidentes de Brasil Ignacio "Lula" Da Silva, de Uruguay Tabaré Vázquez, y de Paraguay Nicanor Duarte Frutos. Pero también es el mismo Chávez el que figura, también en registros fílmicos, en el Estadio Mundialista de Mar del Plata ante una multitud congregada diciendo a viva voz: "¡Al ALCA lo derrotaron los pueblos!"

No es nuestro ánimo determinar ninguna entrega de laureles, pero pareciera que en el registro colectivo sobre lo que pasó en ese "No al ALCA" hubieran dos historias: una "victoria de los presidentes prograsistas" de la región sudamericana (tal como lo determinan muchas de las narrativas sobre aquel evento, como ser la imágen que rememora Telam aquí junto, que no incorpora a Tabaré pero que notablemente incorpora a Evo Morales, quien aún no era presidente de Bolivia y no participó de la cumbre oficial, pero estuvo en Mar del Plata la en cumbre alterna), "versus" una "victoria" más bien colectiva de la movilización popular (las fotos, afiches y campañas que también se recuerdan, ver imágenes adjuntas aquí). Y es llamativo cómo esa "segunda historia" es opacada -incluso a veces negada- frente a las notas, documentales, en fin, todo reporte de aquellas jornadas que se dieron en 2005.

En realidad la derrota del ALCA fue un fenómeno complejo, por los actores involucrados, por la cantidad de hechos que ocurrieron, y por los intereses con convergieron. Como todo, es más justo entender que esa derrota del ALCA fue un producto de todos esos factores combinados puestos en un marco histórico determinado pero que no se centró en lo absoluto en aquellos hechos de 2005, sino que vinieron desde mucho antes.


¿Qué era el ALCA?

El ALCA fue una propuesta del presidente norteamericano George Bush (padre) a finales de 1993 y que dejó para su lanzamiento a su contrincante demócrata Bill Clinton en 1994, año en que se celebró la I Cumbre de las Américas en Miami, precisamente para dar inicio a las negociaciones. La intención de dicho proyecto era elaborar un tratado que enblogara a todos los países de la región dentro de un área de libre comercio que garantizara lo que toda zona de libre comercio pretende: la libre circulación de mercancías, servicios y capitales en toda la región, en este caso todo el continente.

Para ello, EE.UU. entendió que el ámbito institucional de dicha negociación era la OEA, que a la vez abarcaba a todo el continente pero dejaba afuera a Cuba como represalia de la histórica enemistas con los EE.UU. en términos geopolíticos desde 1962. Las negociaciones y las Cumbres se convocaban desde la OEA y eran al efecto de avanzar con el ALCA.

Existen fuertes polémicas acerca de los "efectos beneficiosos" del libre comercio. Generalmente se lo asocia como una plataforma de crecimiento económico pero con altísimos costos sociales. Haciendo una gran simplificación por cuestiones de espacio, los sectores de capital concentrado podrían verse en condiciones de acceder a mercados restringidos o directamente vedados para ellos debidos a altos aranceles o altos subsidios internos que protegen a su competencia local, mientras que el resto de la población no participa de ese proceso sino que siente las pérdidas: una pequeña y mediana industria local que pierde frente al capital transnacionalizado y más concentrado que viene de fuera y que acapara el mercado, provocando la quiebra del pequeño empresariado local, el cierre de fábricas y, con ello, la pérdida de puestos de trabajo. Así, mientras los promotores del libre cambio ofrecen sus loas a la sociedad de consumo con promesas de mejores productos y más baratos, las clases medias y trabajadoras se ven interpeladas frente a un mundo de mercancías a los cuales no alcanzan a acceder, no importa su precio: al perder su empleo, directamente carecen de ingresos con los cuales pagarlos. Con ello se ve a dos sectores diferenciados en los pros y contras del libre comercio: mientras que los sectores vinculados con la exportación suelen estar a favor, los trabajadores y los pequeños productores son los que suelen oponerse.

Las cuestioens de competitividad, los modelos productivos y su escala suelen matizar estos análisis, pero no dejan de confirmarlos: el libre comercio no es ni tan libre como dice ser, ni da tantos beneficios como promete. Históricamente han habido muy pocos momentos de liberalidad comercial, y éstos han sido para favorecer a los que ya venían más aventajados.

EE.UU. ya para fines de los ´90 preveía su competencia comercial y económica con China. Lo que se suponía como escenario para el 2025, los norteamericanos ya lo habían anticipado y se aprestaban a ello: crear un gran bloque comercial, mucho más grande que el existente en América del Norte con el NAFTA, que pudiera hacerle frente al "gigante chino" cuando se despertara. El interés más grande era el del modelo estadounidense frente a sus competidores futuros, y el "patio trasero" debía ser un área natural para cuadrar filas...

En lo técnico, el ALCA era entonces un tratado internacional de contenido económico, pero cuyos efectos tenían una innegable impronta política. Las cuestiones militares excedían al ALCA: el mismo carecía de un capítulo que se relacionara con cuestiones que no fueran o no estuvieran directamente vinculadas con sectores de comercio, productivos o estrictamente económicos. Pero no era tampoco demasiado desacertado especular con que el emplazamiento de socios comerciales en toda la región facilitaría la cooperación geopolítica para los EE.UU., máxime en un contexto de avanzada militar tras los atentados a las Torres Gemelas en 2001, el despliegue en Afganistán en 2002 y la invasión a Irak en 2003 como contexto.

Qué fue el "No al ALCA"

Consecuentemente el "No al ALCA" fue una reacción compleja a un tema complejo. Como nunca antes hubo un rechazo social tan masivo por un tema económico tan difícil de explicar para el común de la ciudadanía. La apropiación por parte de la opinión pública sobre ese tema hizo trizas el supuesto de que se trataba de un tema demasiado técnico para la "cultura popular". Pero también es cierto que, desde entonces, tampoco hubo un acercamiento tan masivo a un tema semejante. La pregunta es: ¿qué lo hizo así?

Una primera respuesta, no menos directa que simplona, es que se trataba de una especie de "personificación" del imperialismo norteamericano. Si bien parte de ese rechazo al ALCA fue debido a que era abiertamente una propuesta de los EE.UU., es necesario rescatar que parte de los empresariados locales también acordaban con la idea, con lo cual la noción de "imperialismo" como algo proveniente desde el exterior debería cuanto menos verse relatizada. Si uno va al concepto más conocido de "imperialismo", el propio Lenin no lo entendía como un simple avance extranjero, sino como un creciente enfrentamiento entre países (pro y anti capitalistas) pero también de clase.

Empero, el "No al ALCA" no fue algo espontáneo, como tampoco lo fueron los gobiernos que participaron en la cumbre oficial. A fines de noviembre de 2003 un aglutinamiento de agrupaciones y movimientos sociales (la Autoconvocatoria No al ALCA), nadia en abril de 2002 al calor de las movilizaciones post-diciembre 2001 en Argentina, organizó una consulta popular que expresó el rechazo en todo el país con 2.300.000 votos, convitiéndose así en la segunda consulta popular más grande del continente, luego de la de Brasil. El plan oficial era que el ALCA se concretara en 2005 (hubo un intento fallido de adelantarlo a 2003) y desde abril del 2001 el gobierno de Fernando De La Rúa había ofrecido que Argentina fuera la sede para ello.

Conocido es lo que le ocurrió al gobierno de De La Rúa: ascendió con promesas de ruptura de las políticas neoliberales de su antecesor, Carlos Menem, pero que resultó una continuidad de las mismas, nombrando incluso como ministros de economía a neoliberales como Ricardo López Murphy o hasta al mismo "padre de la convertibilidad" neoliberal, Domingo Cavallo. Ocurrió lo que tenía que ocurrir: habiendo privatizándolo todo y aumentado la deuda pública como las dos formas de hacerse de dólares para mantener la paridad cambiaria, el modelo estalló por los aires y arrastró a toda la sociedad consigo... Saqueos, asambleas populares, movilizaciones, represión policial, decenas de muertos: De La Rua acabó renunciando y yéndose de la casa de gobierno en helicóptero mientras la policía y la población se enfrentaban en las calles.

En ese contexto, 5 presidentes pasaron en 1 semana y la inestabilidad encontró a un nuevo presidente, Néstor Kirchner, asumiendo con un muy endeble 23% del electorado a favor. Pero la crisis argentina no fue la única -aunque sí la más grave- y arrastró a una serie de gobiernos neoliberales en toda la región, abriéndole paso a nuevos gobiernos de perfiles distintos (de izquierdas, o al menos "post-neoliberales") que modificaron las agendas a fin de estabilizar la situación polícia.

Bajo ese marco, en Argentina se desarrolló un procesos de resistencia social al ALCA, y sobre esa base fue la que se armó la III Cumbre de los Pueblos que movilizó a un centenar de miles de personas a Mar del Plata, y otros tantos en el resto del país. Movilizó una articulación continental al rededor de la Alianza Social Continental (ASC), un agrupamiento desde Canadá hasta Argentina de organizaciones sociales que dio seguimiento crítico al proceso del ALCA y que también se vio potenciada gracias al espacio de articulación que resultó el Foro Social Mundial (FSM) desde enero de 2001 en Porto Alegre y otras ediciones posteriores, y que terminó siendo un hito impensado tan sólo hasta un par de años antes. Pero como toda articulación, tiene demasiados nombres y rostros como para figurar en los libros de historia bajo una única figura heroica. está claro que los presidentes fueron importantes, sí. ¿Claves? También. Pero el "héroe" de la jornada, fue el héroe colectivo.

Lo que ocurrió adentro de las negociaciones con 5 presidentes tuvo un contexto social mucho más amplio que hizo que esos 5 tuvieran una diversidad de razones para encarnar una divergencia en la posición mayoritaria: que ese no era el momento (ni el lugar, por ende) ni para relanzar un ALCA, mucho menos para alcanzarlo. El resultado de la IV Cumbre de las Américas fue un completo fracaso: la agenda oficial quedó abierta, expresando dos posiciones (una a favor del ALCA, otra postergándolo aunque sin fecha cierta de relanzamiento -lo que políticamente lo estancaba-).

¿Qué pasó después?

La suposición casi natural luego de la derrota del ALCA fue que ello debería haber significado un "algo más". Por ende ¿qué ocurrió?

Como todo hecho político, el No al ALCA abrió una nueva coyuntura, esta vez regional. La política exterior se convirtió en un eje importante de la agenda gubernamental: el surgimiento del ALBA entre Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Honduras (hoy ya no miembro), Nicaragua, El Salvador, Surinam y los países caribeños es una de las iniciativas que surgieron en 2004 en plana aburrición de aquel No al ALCA. Pero también lo fueron la UNASUR, declarada en 2005 y finalmente constituida en 2008; así como la CELAC en 2010. Todas ellas iniciativas de integración política diferenciada de la comercial librecambista y sin la participación ni de los EE.UU. ni de Canadá.

Pero la crisis internacional iniciada en 2008 volvió a moficiar el contexto y, en mayor o menor medida, volvió las agendas políticas replegándose a las agendas locales más que a la internacional. Tres casos pueden demostrar esto en el caso argentino: el pago de la deuda pública, el pago de las demandas ante el CIADI y el conflicto con los fondos buitres. Lejos de impulsar un proceso de auditoría ciudadana como en otros países de la región (Ecuador), Argentina renegoció papeles de una deuda sin cuestionar su origen y progresivamente los paga sin dilaciones no sólo a fin de asumir compromisos internacionales sino de evitar mayores conflictos con los mercados internacionales, son los que se ha ido alineando de a poco. Muestra de ello también fue a fines del 2013 el pago de cinco demandas del CIADI que el país había perdido y que venía condicionando a su ejecución ante los tribunales domésticos. Lejos de una crítica al sistema del CIADI y al régimen de protección de inversiones de los TBI -algo que se sostiene muchas veces desde lo discursivo- la política concreta no fue siquiera el congelamiento de los pagos, sino su pago. Lo último fue el conflicto con los fondos buitres: tras un largo proceso judicial en el extranjero debido a la prórroga de la jurisdicción local en bonos del "Megacanje" de Cavallo, la sentencia del juez Griesa sale adversa provocando una serie de medidas que elevan el conflicto pero no lo resuelven: a pesar de la batería de medidas -que han tenido un éxito relativo- no se ha criticado la prórroga de jurisdicción y se la utilizado con los nuevos bonos de deuda emitidos así como con los contratos celebrados con China y empresas transnacionales como Chevron.

¿Dónde está el "No al ALCA" en estas elecciones?: la ausencia de la política exterior en el debate

Pero la realidad coyuntural de esta crisis del capitalismo tardío no lo sorprende solamente al gobierno actual en esta ausencia de despliegue de la agenda internacional. Lo mismo ocurre con la oposición macrista. Estos 10 años de aquel "No al ALCA" nos encuentran en plena puja electoral de cara a un ballotage reñido e incierto por la presidencia nacional. Sin embargo, la política exterior ni siquiera se nombra en los debates. En la primera vuelta no sólo se definieron a Daniel Scioli y a Mauricio Macri para el ballotage, sino que también se votó por primera vez a los diputados que irán para el Parlamento del Mercosur (Parlasur), algo que solamente fue tomado de forma crítica pero superficial por el periodista Jorge Lanata, mostrando la "inutilidad" del organismo que "de seguro" caería en manos del oficialismo. La oposición por supuesto acompañó la crítica. Pues bien, tras la elección fueron elegidos 9 diputados del kirchnerismo para el Parlasur, y serán 11 los de la oposición los que se sentarán en dicho organismo "inútil": 7 por el frente Cambiemos de Mauricio Macri y 4 por el Frente Renovador de Sergio Massa. Las críticas ahora brillan por su ausencia...

¿Qué política internacional seguiría uno u otro candidato en caso de ser gobierno? Ambos callan en este punto de sus programas de gobierno. ¿Cómo podríamos imaginarlo entonces? ¿Qué contexto es el que existe hoy frente a cuestiones como las del ALCA: el interés de los empresariados transnacionalizados en fortificar sus cadenas de producción en un mercado integrado para ellas pero distanciado (sino ageno) de garantizar derechos sociales dentro de las cuestiones económicas y comerciales y no meramente como cuestiones asistenciales? Si bien niguno de los candidatos se diferencia en demasía de un perfil asociado al neoliberalismo o al establishment local, ¿¿acaso Macri cambiaría la política exterior virándola hacia el ALBA?? Probablemente Scioli tampoco lo hiciera, pero es más probable que Macri se sumara a un relazamiento de otro "ALCA" o similar, más que denunciar los TBI o retirarse del CIADI, por ejemplo. Pero cuidado: el kirchnerismo tampoco lo ha hecho en 12 años... En definitiva, del problema en este esquema queda aufera quizás la pieza diferencial de aquel "No al ALCA" de hace 10 años: los movimientos sociales. Aún siendo pequeños, es ese contexto social el que sin dudas marcaría la diferencia.
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Qué pasó (los resultados de las elecciones nacionales de octubre 2015)

26 October, 2015 - 17:29
 Pasaron las elecciones "en serio", las que son "por los puntos" y, sobre todo, por los puestos, y hubieron algunas grandes sorpresas, pero sobre todo un durísimo golpe para el kirchnerismo. Tal como venimos haciendo desde hace años, nuestra idea aquí es analizar qué pasó -que es lo mejor que uno puede hacer- mas que hacer leña de los árboles caídos, que los hubieron ayer y muchos.

La(s) sorpresa(s)

Para empezar, anoche, cerca de las 23.20hs, el principal candidato de la oposición nacional, Mauricio Macri, daba la sorpresa al ubicarse primero en la 1ra vuelta para la presidencia de la nación argentina. Todas las encuestas lo daban segundo, por lo que los primeros cómputos oficiales, que para ese momento ya alcanzaban un 72%, lo ponían en una inesperada posición con una ligera ventaja sobre el candidato del oficialismo, Daniel Scioli.

Con el paso de las horas se cumplió la tendencia que insistimos nosotros anoche y era que Macri bajaba en su acumulación electroal frente a Scioli, que subía. El amanecer de hoy dio un resultado ajustado pero más acorde a lo esperado: Scioli primero con un 36,86% de los votos escrutados, seguido por Macri con un muy parejo 34,33% y tercero Sergio Massa con 21,34%. Las encuestas hablaron durante semanas del "40-30-20", por lo que una vez más pueden darse por desautorizadas por la voluntad popular. Encuestadores, sépanlo: no saben nada. Pero el resultado repitió las primarias abiertas (ver primer mapa), por lo que la novedad no vino del resultado sino de los números que reflejaron y de distancia entre los candidatos, que se acortó.

Esto plantea lo que se veticinaba: un escenario de 2da vuelta electoral que se vivirá el 22 de noviembre del corriente año. Será entonces en que el pueblo deba elegir entre el candidato del oficalismo -Scioli- (un frente extraño que los analistas se empecinan en caracterizar con esa híbrida denominación de "populismo") y el principal opositor -Macri- (un candidato más nítido de la derecha ideológica, identificado no en menor medida con el neoliberalismo de los años ´90).

La legitimidad de estas elecciones también pueden sorprender: votó el 81% del padrón, un procentaje alto comparado con el 76% de las elecciones en las primarias abiertas obligatorias y simultáneas (PASO). Ello a pesar de la pobreza de las candidaturas y de las propuestas electorales de la campaña.

"El candidato ¿es el proyecto?"

Los derrotados más obvios son, sin duda, el oficialismo. Podrán analizar el vaso medio lleno (que lo tiene y luego pasaremos a ver cuál es), pero eran muy pocos los que muy internamente podían prever un resultado de estas características. Los más animados imaginaban que "los votos eran de Cristina", por lo que entendían que "el candidato era el proyecto" y no los nombres (esto sobre todo hace un par de meses, cuando la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, todavía no había señalado el candidato que la continuaría para seguir por 4 años en su cargo). Con ello aseguraban que quien viniere sería, y sun ninguna duda, el continuador -sino el profundizador- de la política iniciada con Néstor Kirchner allá por 2003, en plena crisis.

Pero evidentemente los candidatos importan y mucho. El electorado (incluyendo el propio del kirchnerismo) no se creyó que Scioli fuera "automáticamente" un continuador, incluso con los gestos como incluir en la fórmula como vicepresidente a Carlos Zanini, un kircherista "puro", "de la primera hora" en Santa Cruz, cuando Kirchner asumió la gobernación provincial, e ideólogo de muchas de las principales medidas tomadas por el gobierno durante estos 12 años.

Es que los tres candidatoscon mayores posibilidades (Scioli, Macri y Massa) son muy similares en términos políticos, ideológicos e históricos. Los tres iniciaron sus primeros pasos en política dentro del peronismo. Quizás la excepción sería Massa, quien inició dentro del liberalismo de la UCD que pronto fue copada por el menemismo peronista en los ´90 como ideólogos de su política económica de corte neoliberal. Quizás otra salvedad es que Macri siempre fue opositor al kirnerismo, aunque los tres en algún momento estuvieron con o dentro del neoliberalismo. Scioli inició sus pasos en política de la mano de Carlos Menem; el propio Macri siempre apoyó a Menem durantes sus dos gobiernos y es conocida su frase al definir al riojano como "un gran transformador"; y Massa se hizo cargo del Pami durante un breve tiempo durante el inicio del kirchnerismo, luego pasó a ser intendente de Tigre (en la zona norte del conurbano de Buenos Aires) queriendo ser un "intendente independiente" dentro del kircherismo (ocurrencias si las ha podido haber) y momentáneamente "fue llamado" a ocupar la Jefatura de Gabinete del gobierno de Cristina. Su breve paso acabó por romper lanzas con el kirchnerismo y justificar su postulación a estas elecciones como candidato opositor y una de las principales amenazas electorales de los últimos años: la alianza de los llamados "barones del conurbano" (los intendentes de los principales munici´pios que rodean a la ciudad de Buenos Aires y que aglomeran la mayoría de los votos de la provincia con más caudal electoral en el país). Esa alianza, que fue resquebrajándose durante el último año, fue el principal motivo de la derrota massista en estas elecciones y, seguramente de la desaparición del massismo como fuerza política en lo que vendrá.

Es difícil entonces decir que alguno de ellos representa una "continudad" del proyecto "nacional y popular" del kirchnerismo. Está claro que los candidatos sí importan, su y "prontuario político" también, por lo que los votos no son de un dirigente en particular, como el kirchnerismo sostuvo desde que Cristina anunció -con buen criterio a nuestro parecer- que no se presentaría como candidata para una re-reelección (reforma constitucional mediante, claro).

Un ejemplo de ello -y quizás el principal- es Aníbal Fernández, uno de los mejores cuadros políticos del duhaldismo y que fue uno de los "delegados" de Duhalde en su alianza interna en el PJ cuando Kirchner se presentó a elecciones frente a Menem en 2003. Así como Scioli es un mal candidato a presidente, Aníbal lo es para la provincia de Buenos Aires. Esa fue el principal resultado en las PASO: la interna kirchnerista entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez por la candidatura oficialista a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Legítimamente ganó Aníbal, pero su historial personal está plagado de dudosos antecedentes delictivos que, aún cuando no fueron probados, nunca dejaron de quedar muy claros. Su involucramiento en la planificación de la llamada "masacre del Puente Pueyrredón" en la represión de un corte del puente que separa la provincia de la ciudad de Buenos Aires en 2002 y que causó la muerte de dos personas y provocó el llamado a elecciones anticipadas por parte del entonces presidente (interino) Eduardo Duhalde, también es uno de las piedras en la historia reciente del candidato. Esta figura, más que sumar votos en la provincia, le restó a Scioli en su competencia nacional. Pero las urnas en las PASO hablaron y así quedó constituida la candidatura: lo que queda claro es que el candidato en la interna estuvo mal elegido, a sabiendas que nada ocurre dentro del peronismo sin un aval por parte de su principal conductor, en este caso la propia Cristina.

Ese error garrafal le significó al kirchnerismo el perder la principal jurisdicción electoral del país, y hacerlo por primera vez en 25 años, además de la "tracción hacia abajo" de posibles votantes en provincia que, pudiendo votal al kirchnerismo, elegieron no hacerlo o cortaron voleta motivados por el candidato a la gobernación.

La gran sorpresa es, en consecuencia, que sea María Eugenia Vidal, del ala más nuclear del PRO (partido de derecha de la alianza "Cambiemos" y al que pertenece Mauricio Macri) la que haya ganado la provincia y vaya a gobernarla por los próximos 4 años. No solamente es la primera vez que una mujer es elegida gobernadora de la provincia más difícil y compleja del país (ese no sería un dato esencial), sino que es una candidata sin experiencia directa en los cargos de gestión (ha sido vicejefa de gobierno de la intendencia de Macri en la ciudad de Buenos Aires -una intendencia gobernada "de facto" por quien será el actual intendente porteño, Rodríguez Larreta-, pero que ha actuado más como "vocera" de su "jefe" político que como vice, presideindo la Legislatura Porteña, por ejemplo). Está mucho más identificada con la identidad porteña que con la del conurbano (tener un domicilio en provincia, para los millones de habitantes que duermen allí pero que trabajan y desarrollan sus actividades en Capital, no significa una identificación palpable). Por ende, su gobernación necesitará de manera excluyente que Macri sea presidente, pues de lo contrario, si él pierde en la 2da vuelta, quedará sola, sin un apoyo directo del gobierno nacional y gobernando la provincia más compleja del país, lo que agravará -más que mejorar- la realidad provincial, sobre todo en un conurbano bonaerense regado por el narcotráfico. Otra posibilidad en ese escenario podría ser una alianza de gobierno con los intendentes, lo cual significará un salvavidas para los "barones del conurbano" que, de lo contrario y con la derrota de Massa y sin una estructura fuerte, podrán quedar a la deriva política. Así, acabarán reteniendo -si es que ejercen hábilmente esa negociación- su poder en sus territorios, pero de todos modos con una gobernación debilitada. Pero eso significa romper con la estructura del kirchnerismo, lo cual será un golpe casi de gracia al "proyecto nacional y popular" en cuanto a la retención del poder real se refiere.

La izquierda que ganó y la que perdió

El más golpeado en estas elecciones en términos de caudal de votos ha sido el progresismo. El espacio de centroizquierda perdió listas en las PASO y el que quedó (la alianza "Progresistas" liderada por Margarita Stolbizer) obtuvo menos votos (2,5%) que en las primarias, lo cual hace de estas elecciones una tremenda derrota. Muchos de sus votantes fueron lara el Frente de Izquierda (FIT), una alianza entre partidos trotskystas y de la izquierda más de base que lideró el jóven Nicolás Del Caño y que vio aumentados sus resultados electoresles, convirtiéndose en la cuarta fuerza nacional, pero con un pequeño 4% del total de votos, muy lejos de los otros tres. Sin embargo, el FIT no puede decir que han sido derrotados: su principal logro ha sido consolidarse como espacio aglutinador de la izquierda, sumando agrupaciones y partidos pequeños al cual a partir de ahora deberían ampliar a espacios más independientes y ver hasta dónde incluir o no al arco progresista. Sería un proceso muy difícil, pero ampliar el espacio traccionando a algunos espacios hoy dentro del progresismo, es posible. No todos quedarán dentro, por supuesto, y no será sencillo incluir a la heterodoxia del marxismo y de los espacios de izquierda, pero la forzaría a tomar deinificiones más radicalizadas, a adoptar un programa más acorde con muchas de las necesidades territoriales hoy sin un espacio electoral firme (como ser los reclamos de movimientos sociales, de luchas ambientalistas, de derechos económicos -y que están por fuera de la lógica del trabajo entendida como la relación típica del obrero-patrón, y luchas de sectores de género- muchas de ellas hoy copadas por el kirchnerismo por ser un espacio más ecléctico.

La otra pelea: el Congreso

La otra gran pelea es la del Poder Legislativo, pues también hubieron elecciones por diputados y senadores. Los cambios en la cámara baja fueron más que los que se arriesgaban en la alta, por lo que no hay sorpresas en decir que el kirchnerismo retuvo su mayoría en el Senado de la Nación, aunque mermó la amplísima mayoría que alcanzó en 2011 cuando por poco no tuvo los 2/3 necesarios para una posible reforma constitucional que la derecha se apresuró a especular.

El PJ no kirchnerista ("PJ disidente") mantuvo intactas sus bancas y el PRO sumó un bloque propio. Con ello, la derecha es la gran ganadora de las elecciones en senadores, aunque no alcanza por sí sola menguar la "mayoría K". Necesitará para ello los senadores de la Unión Cívica Radical que, junto a los viejos radicales díscolos de la Coalición Cívica, parece volver luego de su largo letargo del 2001 en un partido con representación propia en la cámara conservadora, pero sin por ello haber dejado atrás su perfil de reformismo progresista que supo tener en los años ´80.

En la Cámara de Diputados la historia es algo diferente. Allí el Frente para la Victoria (el partido del kirchnerismo) perdió bancas y el PRO sumó muchas más. Éste fue el gran logro de la derecha: ganó 21 diputados propios, casi la totalidad que perdió el kirchnerismo (perdieron 26 escanios), por lo que el Congreso que queda será mucho más conservador que el que había.

La UCR sumó solamente 8 diputados nuevos y se perfila como la principal oposición legislativa con 50 escanios en total. Ese quizás sea el mayor logro de la alianza entre los radicales y la derecha del PRO: los cargos legislativos. Auqnue el PRO tendrá 41 bancas propias por lo que, en una supuesta alianza conservadora (si se incluyeran a los peronistas disidentes) lograrían superar al kirchnerismo con 127 bancas a 117, aunque es algo improbable que ocurra como un fenómeno estable.

El progresismo (nuevamente aquí el gran derrotado) perdió 10 de sus 12 escanios en riesgo, quedando solamente con 9 bancas. La izquierda, por su parte, sostuvo su representación propia, y hoy alcanza a tener 4 bancas.

El caudal de votos de cara a la 2da vuelta

Pero estas elecciones ya pasaron y lo que queda es un mes para dirigir los últimos esfuerzos de campaña para el ballotage.

Ahora sí la elección debería polarizarse, pero ¿cómo? Macri seguramente saldrá a ir por una campaña similar de oposición al kirchnerismo, intentando captar los votos del massismo (tarea no sencilla, pues el perfil de la estructura de Massa es mucho más perinista que independiente), por lo que deberá seguir con la actual tendencia: mostrar una amplitud de criterios y lavar (más todavía si es ello posible) su discurso, algo que Massa criticó en su campaña duramente respecto del candidato del PRO. Pero es probable que la derecha se agrupe, aunque no matemáticamente: ese acercamiento perderá votos y esos votos sueltos deberán ser captados por el kirchnerismo, quien tiene una tarea titánica para recuperarse.


La dificultad del PRO está anclada en superar ese 30% fijo del electorado que también conforma la base del kirchnerismo más duro. Esos tercios perfilan la realidad política de hoy: un 30% de una derecha en ascenso pero aparentemente con techo, y un 30% de un kirchnerismo en retirada pero con piso. Lo que sí está claro es que Madri volvió a arrasar en Capital Federal, con lo que su liderazgo porteño no se vió alcanzado por la fuerte pelea que las elecciones porteñas tuvieron para fijar su sucesión en la intendencia: el espacio progresista de Lousteau -con sus faltas de definiciones respecto de las elecciones nacionales- costó demasiado cargo, y la ciudad de Buenos Aires se arriesga a separarse de la lógica política nacional, todavía más. Pero Rodríguez Larreta (intendente electo porteño y también del PRO), a diferencia de Scioli con Cristina, sí es un "continuador automático" de la política de la derecha en la intendencia porteña.

Dentro del mapa nacional, hay una franja de provincias que se separaron del kirchnerismo (ver mapa 2) y que coincide con los principales centros productores de agroexportación. Está claro que los productores agrícolas nunca retornaron de la "pelea con el campo" en 2008, aunque sí hicieron depender su voto de las oscilaciones de los mercados sojeros (ello explica el apoyo a Cristina en 2011, incluso en municipios y provincias fuertemente sojeras). Pero ese no era un matrimonio, sino un amor pasajero y por conveniencia a falta de una representación mejor, y que hoy la tiene más claramente abroquelada en la derecha del espectro político.

Scioli, por su lado, tiene una tarea difícil de cumplir: radicalizar su discurso. Y no radicalizarlo en lo discursivo, sino en lo propositivo: radicalizar su programa. Está claro que el votante de izquierda que optó por el FIT no es "K", pero también está claro que identifica plenamente la ideología macrista y de la derecha del PRO y de los radicales conversos que actuaron en el menemismo y durante el gobierno de De La Rúa: el neoliberalismo. Sería un error político histórico que la izquierda votase por un proyecto neoliberal en pos de ratificar su perfil opositor al kirchnerismo. Pero esa atracción del voto de izquierda -que es rara pero posible- no será gratuita. La pregunta es si Scioli puede demostrar que es "más de izquierda" que la propia Cristina, cuando su pasado lo condena en ese sentido...

Hay dos cosas que están claras: 1) que la derecha está en ascenso, no sólo por responsabilidad desde fuera del kirchnerismo -como las elecciones lo mostraron- sino también desde dentro, con las candidaturas que tanto le pesaron al actual gobierno nacional, a riesgo de perder no solamente la provincia de Buenos Aires, sino el país. 2) El kirchnerismo como se lo conocía murió, y lo hizo mucho antes de lo esperado (10 de diciembre). Tuvo su nacimiento en 2003 y, así como en 2007 dijimos que "había kirchnerismo para rato" (ver en este blog), hoy nos atrevemos a decir que presenciamos su defunción, o al menos una conversión del "kirnerismo puro" que pasará a la mística peronista a la que tan habituados estamos todos los argentinos: imágenes de Néstor y Cristina plagarán los "altares" personales en redes sociales, tatuajes, rincones de las casas. Pero la política muta en virtud de hacerse del poder, y eso es algo que el peronismo es especialista en hacer -y el propio kirchnerismo lo sabe más que nadie, cuando ellos mismos rompieron su alianza con el duhaldismo para hacerse del manejo del país en 2003-. Que "los votos son de Cristina" es una fábula que los más románticos seguirán repitiendo. Los votos son de quien los gana. Y quién gana está aún por verse.
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