Blog de Javier Echaide
Este es un blog de opinión dedicado a temas internacionales, aunque no exclusivamente. Sírvanse de él citando siempre la fuente. Esperamos les resulte de interés.
Atualizado: 7 horas 48 minutos atrás
Rampedre: el derecho al agua
2 junho, 2013 - 11:58
sitio web con base de datos sobre el derecho al agua en el mundo. es un proyecto ambicioso que intenta reunir, de todos los países del globo, legislación, jurisprudencia, noticias.. todo en cuanto al agua.
La jurisprudence sur le droit à l’eau et à l’assainissement
La jurisprudence sur le droit à l’eau et à l’assainissement
Categorias: Planet Not For Sale
Jura de los egresados para el Servicio Exterior de la Nación
6 maio, 2013 - 16:05
La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner tomó jura a los nuevos egresads del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), órgano oficial de la Cancillería Argentina que forma al cuerpo diplomático de la República Argentina, y en su discurso recalcó cuáles son los principales lineamiento generales de la política exterior argentina.
La política exterior en los últimos años ha ido virando al son de los cambios que se vienen sintiendo en el contecto mundial. Es importante recordar que Argentina es el tercer país de mayor importancia económica, política y estratégica dentro de Latinoamérica, a pesar de lo que se suele suponer de lo devaluada que se encuentra nuestra nación. Esto es así luego que Brasil sea el país que, por su peso estratégico propio en la región, sea el de mayor relevancia, seguido por México, pero que se encuentra fuera de la región sudamericana. Ello hace a la alianza argentino-brasileña una columna vertebral que no debe dejarse de lado al momento de considerar un impulso en la región. Seguida a la Argentina se encuentran Venezuela y Colombia como actores políticos y económicos de mayor relevancia.
La crisis económica internacional iniciada con profundidad en 2008 ha convertido las alianzas sur-sur en un eje central para todas las economías en desarrollo, pudiéndose hablar hoy de "potencias emergentes" en términos de política internacional. Entre estas nuevas potencias que remarcan el multipolarismo de la política internacional de hoy no puede olvidarse el ascenso de China como indiscutible actor principal, pero también nuevas potencias como India y Brasil. Ello ha hecho que las referencias a un nuevo polo del sur -los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)- sean cada vez más frecuentes.
Argentina se encuentra en un segundo plano dentro de esa nueva avanzada hacia un mundo multipolar. Pero dentro de la región, el rol protegónico ha venido desarrollándose debido a una mezcla de aciertos locales en materia de política exterior como tembién de necesidades a nivel internacional de ampliar la gama de actores que puedan participar en la dirección de los cuestionados de la globalización, de los cuales hoy parecen sentirse más que nada sus costos.
La ampliación del viejo G-8 al actual G-20 es una muestra de esta necesidad de aumentar la cantidad de actores en el consenso global. Sin dejar de ser una "mesa de pocos" y a convocatoria de EEUU, el viejo "club de los 7 países más ricos del mundo más Rusia" (el G-8) pasó ahora a ser una mesa de discusión general sobre los temas globales para la elaboración de consensos mínimos mas que para una "gobernanza global". Fueron muy fuertes en un inicio las réplicas de los países en desarrollo invitados al nuevo G-20 de que la crisis no había sido iniciada por ellos y que los principales actores en remediarla no serían ellos mismos tampoco. Sin embargo, es evidente que los impactos de la crisis internacional son sentidos por todos los países sean estos desarrollados o no. Pero la heterogeneidad de los países miembros del G-20 ha mostrado lo difícil que ha sido arribar a dichso consensos, por lo que las resoluciones del G-20 no han sido siempre llevadas a una práctica concreta.
Argentina se inscribe dentro de la participación en estos foros internacionales, lo cual traduce en el rol protagónico que los segundos actores regionales han adquirido dentro del escenario económico frente al estancamiento de los crecimientos de los países más desarrollados. Pero ello no implica tampoco que el desarrollo halla arribado al "Tercer Mundo": las desigualdades, lejos de superarse, se han profundizado y no se avisoran cambios de fondo para esa situación. Las "metas del milenio" están lejos de ser cumplidas a solo dos años de sus plazos establecidos 15 años atrás. El mundo a cambiado desde la implosión de la URSS y el fin de la Guerra Fría y de una unipolaridad que se apostaba sería el nuevo designio de los tiempos. Nada más distinto que eso: el mundo se ha convertido en un lugar mucho más complejo donde las relaciones internacionales y la política internacional adquieren un rol cada vez más relevante dentro de la interdependencia de factores que hacen imposible lecturas simplistas de la realidad internacional.
Sin dudas todo un desafío para quienes se incorporan al cuerpo diplomatico nacional.
La política exterior en los últimos años ha ido virando al son de los cambios que se vienen sintiendo en el contecto mundial. Es importante recordar que Argentina es el tercer país de mayor importancia económica, política y estratégica dentro de Latinoamérica, a pesar de lo que se suele suponer de lo devaluada que se encuentra nuestra nación. Esto es así luego que Brasil sea el país que, por su peso estratégico propio en la región, sea el de mayor relevancia, seguido por México, pero que se encuentra fuera de la región sudamericana. Ello hace a la alianza argentino-brasileña una columna vertebral que no debe dejarse de lado al momento de considerar un impulso en la región. Seguida a la Argentina se encuentran Venezuela y Colombia como actores políticos y económicos de mayor relevancia.
La crisis económica internacional iniciada con profundidad en 2008 ha convertido las alianzas sur-sur en un eje central para todas las economías en desarrollo, pudiéndose hablar hoy de "potencias emergentes" en términos de política internacional. Entre estas nuevas potencias que remarcan el multipolarismo de la política internacional de hoy no puede olvidarse el ascenso de China como indiscutible actor principal, pero también nuevas potencias como India y Brasil. Ello ha hecho que las referencias a un nuevo polo del sur -los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)- sean cada vez más frecuentes.
Argentina se encuentra en un segundo plano dentro de esa nueva avanzada hacia un mundo multipolar. Pero dentro de la región, el rol protegónico ha venido desarrollándose debido a una mezcla de aciertos locales en materia de política exterior como tembién de necesidades a nivel internacional de ampliar la gama de actores que puedan participar en la dirección de los cuestionados de la globalización, de los cuales hoy parecen sentirse más que nada sus costos.
La ampliación del viejo G-8 al actual G-20 es una muestra de esta necesidad de aumentar la cantidad de actores en el consenso global. Sin dejar de ser una "mesa de pocos" y a convocatoria de EEUU, el viejo "club de los 7 países más ricos del mundo más Rusia" (el G-8) pasó ahora a ser una mesa de discusión general sobre los temas globales para la elaboración de consensos mínimos mas que para una "gobernanza global". Fueron muy fuertes en un inicio las réplicas de los países en desarrollo invitados al nuevo G-20 de que la crisis no había sido iniciada por ellos y que los principales actores en remediarla no serían ellos mismos tampoco. Sin embargo, es evidente que los impactos de la crisis internacional son sentidos por todos los países sean estos desarrollados o no. Pero la heterogeneidad de los países miembros del G-20 ha mostrado lo difícil que ha sido arribar a dichso consensos, por lo que las resoluciones del G-20 no han sido siempre llevadas a una práctica concreta.
Argentina se inscribe dentro de la participación en estos foros internacionales, lo cual traduce en el rol protagónico que los segundos actores regionales han adquirido dentro del escenario económico frente al estancamiento de los crecimientos de los países más desarrollados. Pero ello no implica tampoco que el desarrollo halla arribado al "Tercer Mundo": las desigualdades, lejos de superarse, se han profundizado y no se avisoran cambios de fondo para esa situación. Las "metas del milenio" están lejos de ser cumplidas a solo dos años de sus plazos establecidos 15 años atrás. El mundo a cambiado desde la implosión de la URSS y el fin de la Guerra Fría y de una unipolaridad que se apostaba sería el nuevo designio de los tiempos. Nada más distinto que eso: el mundo se ha convertido en un lugar mucho más complejo donde las relaciones internacionales y la política internacional adquieren un rol cada vez más relevante dentro de la interdependencia de factores que hacen imposible lecturas simplistas de la realidad internacional.
Sin dudas todo un desafío para quienes se incorporan al cuerpo diplomatico nacional.
Categorias: Planet Not For Sale
Eligiendo tribunal para Repsol en el CIADI
14 abril, 2013 - 14:19
El caso Respol contra la Argentina ante el Centro Internacional de Arreglos de Diferencias sobre Inversiones (CIADI) por 10.500 millones de dólares es, sin ninguna duda, la demanda más cara interpuesta contra la Argentina dentro de este organismo dependiente del Banco Mundial, lo cual no es poco: Argentina ha llegado a acumular un total de 55 casos, de los cuales 18 fueron abandonados o cerrados con acuerdo de partes, 14 han finalizado y 17 se encuentran en trámite. La diferencia son casos planteados ante el UNCITRAL en materia de inversiones, algunos de ellos también tratados por tribunales formados en el CIADI. Es complejo calcular el monto total de este cúmulo de demandas, sobre todo porque no existen cifras oficiales y porque además muchas de estas presentaciones no poseen monto establecido. Las estimaciones más conservadoras entienden un total de entre 20.000 y 35.000 millones de dólares. El asesor de la Procuración del Tesoro Nacional, el Dr. Eduardo Barcesat, ha estimado esta cifra en unos 65.000 millones de dólares. La cifra total, si se toman todos los reclamos con monto presentados –incluyendo los casos terminados, los que se encuentran tramitándose y los que también tienen pendiente una solicitud de anulación- ascendería a unos 980.7 millones de dólares.
Situación del capital accionario de Repsol en la
empresa YPF antes y después de la expropiación.Argentina ha perdido hasta el momento solo dos demandas en forma definitiva y que deben pagarse de acuerdo al reconocimiento que el Estado ha hecho de los laudos arbitrales. Son las demandas ganadas por las empresas estadounidenses Azurix y CMS por un monto total de 318.2 millones de dólares. El resto están tramitándose, muchas de ellas dentro de las últimas instancias. Al margen de ello, la demanda de Repsol es, por lejos, la más alta en comparación con otras, como ser la de Azurix (de 185 millones de dólares), la de Saur International (de 144 millones de dólares) o de EDF (por 200 millones de dólares), hasta el año pasado las demanda más grande presentada contra la Argentina. Esto significa que el reclamo de Repsol por la expropiación del 51% de su paquete accionario en YPF es 52 veces más que la segunda demanda más grande ante el CIADI contra la Argentina.
Casi todas estas demandas ante el CIADI invocan los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI) que nuestro país firmó con otros 58 Estados entre los años 1990 y 2002, 54 de ellos entraron en vigencia hasta el 2002 y uno en el 2010, con Senegal. Esto se condice con los datos globales del organismo: el 63% de las demandas invocan TBIs vigentes. El 61% de los casos sometidos ante el CIADI han sido resueltos por el organismo, mientras que el 39% restante han sido acordados por las partes o abandonados por las empresas demandantes. A su vez, de las decisiones dadas por los tribunales del CIADI el 76% de los reclamos han sido total o parcialmente favorables a las empresas. Según los criterios de la Procuración del Tesoro, una parte fundamental en cualquier arbitraje está dada al momento de la selección de los árbitros que resolverán el caso.
La demanda de Repsol (catalogada por el CIADI como el caso ARB/12/38) está precisamente en este punto. La empresa española ya ha designado al chileno Francisco Orrego Vicuña para integrar el tribunal, quien aceptó el cargo el 6 de marzo pasado. Los antecedentes de Orrego Vicuña en lo profesional como árbitro lo perfilan como uno de los 15 árbitros más nombrado sobre el total de las demandas existentes en el CIADI. Según un reciente informe del Corporate Europe Observatory (CEO) en Bruselas y del Transnational Institute (TNI) de Amsterdam, estos 15 árbitros son una élite que reúne el total de 55% del global de las demandas ante el organismo. Las autoras Pia Eberhardt y Cecilia Olivet ubican al árbitro chileno como tercero dentro de los árbitros más seleccionados y como uno de los favoritos de las empresas transnacionales, generalmente desempeñándose como presidente de los tribunales, pero en este caso elegido directamente por la empresa demandante. Ocupó varios cargos en el Gobierno durante los 16 años que duró la dictadura de Pinochet (1973-1989), de los que cabría destacar el de embajador de Chile en el Reino Unido (1983-1985). Destacó su fuerte respaldo al dictador cuando el juez Baltazar Garzón solicitó su extradición por delitos de lesa humanidad perpetrados contra nacionales españoles durante su régimen, diciendo que en Chile no había habido desapariciones bajo el gobierno pinochetista. Es un firme defensor del arbitraje de inversiones y se opone a que los tribunales nacionales resuelvan las demandas de inversores extranjeros, por lo que es un crítico abierto a la denominada “Cláusula Calvo” abrazada por toda América Latina por más de 150 años.
Argentina ha propuesto a la francesa Brigitte Stern, quien aceptó su nombramiento el 25 de marzo pasado. Stern es sin dudas la más elegida por los Estados demandados, lo cual la lleva a ser la que mayor casos ha atendido dentro de esta “élite de los 15”. Quizás sea la única árbitro dentro de este grupo que no trabaja dentro del sector privado sino enteramente para el sistema académico Catedrática en la Universidad de París I, Panthéon-Sorbonne.Según CEO & TNI, sólo una "élite de los 15" árbitros más
frecuentes en el CIADI reúne el 55% de los casos resueltos.
Elegidos los árbitros por la empresa y por el Estado, resta ahora seleccionar al árbitro que se el presidente del tribunal. Por los antecedentes dentro del CIADI, son siete las personas que posiblemente ocupe ese lugar definiendo la terna y los votos dentro del tribunal que atenderá el caso más caro para la Argentina. Una fuerte posibilidad recae en el canadiense Marc Lalonde quien ha trabajado repetidas veces dentro de este trío. De acuerdo al informe de CEO & TNI, Lalonde ha sido árbitro seleccionado 17 veces por empresas transnacionales, entre ellas CMS, Camuzzi, Sempra e ICS en casos planteados contra la Argentina y es directivo del Citibank Canadá, Air France y de algunas empresas mineras canadienses. Los casos relacionados con la energía y la minería representan la mitad de su trabajo conocido en el ámbito del arbitraje en materia de tratados de inversión. Sus fuertes vínculos con el mundo corporativo podrían explicar por qué los inversores lo han designado en 17 ocasiones y los Estados solo tres.
Otro nombre posible es el de L. Yves Fortier, también canadiense. Al igual que Lalonde, Fortier ha combinado cargos en el Gobierno con el ejercicio privado de la abogacía, el arbitraje y altos puestos corporativos. Fue embajador de Canadá en las Naciones Unidas y presidente del Consejo de Seguridad de la ONU en 1989. Actualmente, participa en el panel de arbitraje de dos de los casos más grandes en cuanto a monto reclamado: Yukos contra Rusia (103.600 millones de dólares) y Conoco Phillips contra Venezuela (30.000 millones de dólares). Ha sido miembro del directorio de varias empresas químicas, mineras y productora de aluminio.
El tercero de los posibles candidatos es Albert Jan van den Berg, holandés. Tiene una carrera muy activa como abogado y como académico. Ha sido nombrado al menos ocho veces por compañías en casos relativos a tratados de inversión; cinco de esos casos eran contra Argentina y a raíz de la respuesta del Estado a la crisis económica de 2001-2002. En dos de los casos, van den Berg respaldó resultados contradictorios, incluso cuando los hechos y los razonamientos de la defensa de ambas demandas fueron casi idénticos. Argentina cuestionó después la imparcialidad del árbitro, pero su petición fue desestimada.
Otro candidato a ocupar la presidencia del tribunal del caso Repsol es el francés Jan Paulson, alguien conocido en el ramo del arbitraje internacional y con oficinas en Londres, Miami y Bahrain. Es uno de los pocos árbitros de élite que sigue formando parte de una firma de abogados global, Freshfields, que es nada menos que el bufete que asesora a Repsol en la demanda contra la Argentina. Su imparcialidad fue cuestionada en 2008, durante el caso de Lemire contra Ucrania, porque el bufete Freshfields estaba defendiendo a Ucrania en otro caso. Actualmente, representa al gigante petrolero Conoco Phillips en su demanda de 30.000 millones de dólares contra Venezuela. En 2009, publicó una crítica devastadora sobre los Gobiernos que están intentando recuperar el control de sus recursos naturales de inversores extranjeros, que despliegan políticas redistributivas y que se muestran críticos con el arbitraje internacional y con las leyes que otorgan a los inversores extranjeros amplios derechos.
Otra posibilidad es William W. Park, norteamericano. Actualmente es presidente de la Corte de Arbitraje Internacional de Londres, también una de las instancias de arbitraje más herméticas: hasta 2006, estaba prohibido que se publicaran sus decisiones. Sugiere que los tratados de inversión que otorgan a los inversores extranjeros una amplia protección, así como el derecho a demandar directamente a los Gobiernos, son positivos para el desarrollo. Defiende las cláusulas de protección de las inversiones en acuerdos como el NAFTA y ha criticado a quienes han intentado suavizar sus disposiciones.
Los últimos dos posibles nombres dentro de las probabilidades más altas para que integren el tribunal son el italiano Piero Bernardini o el suizo Lucius Caflisch. Ambos ya han conformado tribunales contra la Argentina en al menos cinco oportunidades. La única demanda que tuvo un laudo por parte de este dúo fue un laudo en contra de nuestro país por 78 millones de dólares, y que Argentina decidió iniciar procedimiento de anulación en 2012, proceso hoy en trámite.Evolución del precio de las acciones de Repsol entre 2012 y 2013.
Si bien aún no es definitivo el nombre de quien pueda presidir el tribunal del CIADI por el caso Repsol, sí está claro que si es alguno de los mencionados el panorama para un laudo exitoso para Argentina es complicado. Esto solamente considerando lo “estratégico” de la designación de los árbitros, porque además deben tenerse en cuenta la cuestión sistémica del CIADI como organismo. Analizando esto se ve que el 47% de los árbitros son provenientes de países de Europa Occidental y el 22% de América del Norte. El resto de mundo ocupa en conjunto el 31%, dentro del cual América Latina ocupa solo un 10% es de América del Sur y el Caribe un 2%. Esto refleja un fuerte perfil del sistema jurídico anglosajón (common law) como criteria no formal para resolver los casos y no el derecho internacional como principal fuente normativa, aunque los tribunales del Ciadi no sean estrados anglosajones sino internacionales. Ello se ve en el intento de querer formar “precedentes judiciales” en tribunales que son únicos y creados especialmente para el caso (ad hoc). Esta es una fuerte contradicción que marca el sesgo del sistema arbitral en el CIADI más allá de la selección de árbitros individuales en casos particulares.Negocios son negocios: explotaciones de Repsol en Argentina.
Sabiendo que nuestro país es el más demandado en el mundo ante el CIADI, los escenarios se reducen a tres: quedarse dentro del sistema de protección de inversiones, esto es dentro del CIADI y manteniendo los TBI tal cual ha sido la postura argentina hasta hoy. Otro escenario sería denunciar el Convenio de Washington del CIADI y todos TBIs en bloque, lo que supone problemas para los próximos años, a raíz de las cláusulas de ultra-actividad que los TBI poseen y que alargan la vida de estos tratados por hasta 15 años después de denunciados, permitiendo “demandas póstumas”, es decir reclamos aun cuando nuestro país se haya retirado del CIADI y haya terminado todos los TBI. El tercer escenario es directamente plantear la nulidad de los TBIs, lo que tendría efectos retroactivos sobre todos los litigios comenzados desde su vigencia. En el caso argentino es posible hacerlo ya que la esencia de estos tratados es prorrogar su jurisdicción en favor de una instancia internacional como el CIADI, lo cual contradice al Art. 116 de la Constitución Nacional. Por otro lado, el Art. 46 de la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969 contempla la facultad de anular los tratados si van manifiestamente en contra de una norma fundamental del Estado. Tomar esa opción implicaría que todos los procesos vinculados al CIADI queden como si nunca hubieran sucedido y proteger a las inversiones o bien mediante la “Cláusula Calvo” o bien mediante la protección diplomática, como indica el derecho internacional consuetudinario, lo que ofrece una salida posible a la actual situación y plantea la necesidad de un nuevo tratamiento legal para las inversiones extranjeras en el país.
Situación del capital accionario de Repsol en la
empresa YPF antes y después de la expropiación.Argentina ha perdido hasta el momento solo dos demandas en forma definitiva y que deben pagarse de acuerdo al reconocimiento que el Estado ha hecho de los laudos arbitrales. Son las demandas ganadas por las empresas estadounidenses Azurix y CMS por un monto total de 318.2 millones de dólares. El resto están tramitándose, muchas de ellas dentro de las últimas instancias. Al margen de ello, la demanda de Repsol es, por lejos, la más alta en comparación con otras, como ser la de Azurix (de 185 millones de dólares), la de Saur International (de 144 millones de dólares) o de EDF (por 200 millones de dólares), hasta el año pasado las demanda más grande presentada contra la Argentina. Esto significa que el reclamo de Repsol por la expropiación del 51% de su paquete accionario en YPF es 52 veces más que la segunda demanda más grande ante el CIADI contra la Argentina.
Casi todas estas demandas ante el CIADI invocan los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI) que nuestro país firmó con otros 58 Estados entre los años 1990 y 2002, 54 de ellos entraron en vigencia hasta el 2002 y uno en el 2010, con Senegal. Esto se condice con los datos globales del organismo: el 63% de las demandas invocan TBIs vigentes. El 61% de los casos sometidos ante el CIADI han sido resueltos por el organismo, mientras que el 39% restante han sido acordados por las partes o abandonados por las empresas demandantes. A su vez, de las decisiones dadas por los tribunales del CIADI el 76% de los reclamos han sido total o parcialmente favorables a las empresas. Según los criterios de la Procuración del Tesoro, una parte fundamental en cualquier arbitraje está dada al momento de la selección de los árbitros que resolverán el caso.
La demanda de Repsol (catalogada por el CIADI como el caso ARB/12/38) está precisamente en este punto. La empresa española ya ha designado al chileno Francisco Orrego Vicuña para integrar el tribunal, quien aceptó el cargo el 6 de marzo pasado. Los antecedentes de Orrego Vicuña en lo profesional como árbitro lo perfilan como uno de los 15 árbitros más nombrado sobre el total de las demandas existentes en el CIADI. Según un reciente informe del Corporate Europe Observatory (CEO) en Bruselas y del Transnational Institute (TNI) de Amsterdam, estos 15 árbitros son una élite que reúne el total de 55% del global de las demandas ante el organismo. Las autoras Pia Eberhardt y Cecilia Olivet ubican al árbitro chileno como tercero dentro de los árbitros más seleccionados y como uno de los favoritos de las empresas transnacionales, generalmente desempeñándose como presidente de los tribunales, pero en este caso elegido directamente por la empresa demandante. Ocupó varios cargos en el Gobierno durante los 16 años que duró la dictadura de Pinochet (1973-1989), de los que cabría destacar el de embajador de Chile en el Reino Unido (1983-1985). Destacó su fuerte respaldo al dictador cuando el juez Baltazar Garzón solicitó su extradición por delitos de lesa humanidad perpetrados contra nacionales españoles durante su régimen, diciendo que en Chile no había habido desapariciones bajo el gobierno pinochetista. Es un firme defensor del arbitraje de inversiones y se opone a que los tribunales nacionales resuelvan las demandas de inversores extranjeros, por lo que es un crítico abierto a la denominada “Cláusula Calvo” abrazada por toda América Latina por más de 150 años.
Argentina ha propuesto a la francesa Brigitte Stern, quien aceptó su nombramiento el 25 de marzo pasado. Stern es sin dudas la más elegida por los Estados demandados, lo cual la lleva a ser la que mayor casos ha atendido dentro de esta “élite de los 15”. Quizás sea la única árbitro dentro de este grupo que no trabaja dentro del sector privado sino enteramente para el sistema académico Catedrática en la Universidad de París I, Panthéon-Sorbonne.Según CEO & TNI, sólo una "élite de los 15" árbitros más
frecuentes en el CIADI reúne el 55% de los casos resueltos.
Elegidos los árbitros por la empresa y por el Estado, resta ahora seleccionar al árbitro que se el presidente del tribunal. Por los antecedentes dentro del CIADI, son siete las personas que posiblemente ocupe ese lugar definiendo la terna y los votos dentro del tribunal que atenderá el caso más caro para la Argentina. Una fuerte posibilidad recae en el canadiense Marc Lalonde quien ha trabajado repetidas veces dentro de este trío. De acuerdo al informe de CEO & TNI, Lalonde ha sido árbitro seleccionado 17 veces por empresas transnacionales, entre ellas CMS, Camuzzi, Sempra e ICS en casos planteados contra la Argentina y es directivo del Citibank Canadá, Air France y de algunas empresas mineras canadienses. Los casos relacionados con la energía y la minería representan la mitad de su trabajo conocido en el ámbito del arbitraje en materia de tratados de inversión. Sus fuertes vínculos con el mundo corporativo podrían explicar por qué los inversores lo han designado en 17 ocasiones y los Estados solo tres.
Otro nombre posible es el de L. Yves Fortier, también canadiense. Al igual que Lalonde, Fortier ha combinado cargos en el Gobierno con el ejercicio privado de la abogacía, el arbitraje y altos puestos corporativos. Fue embajador de Canadá en las Naciones Unidas y presidente del Consejo de Seguridad de la ONU en 1989. Actualmente, participa en el panel de arbitraje de dos de los casos más grandes en cuanto a monto reclamado: Yukos contra Rusia (103.600 millones de dólares) y Conoco Phillips contra Venezuela (30.000 millones de dólares). Ha sido miembro del directorio de varias empresas químicas, mineras y productora de aluminio.
El tercero de los posibles candidatos es Albert Jan van den Berg, holandés. Tiene una carrera muy activa como abogado y como académico. Ha sido nombrado al menos ocho veces por compañías en casos relativos a tratados de inversión; cinco de esos casos eran contra Argentina y a raíz de la respuesta del Estado a la crisis económica de 2001-2002. En dos de los casos, van den Berg respaldó resultados contradictorios, incluso cuando los hechos y los razonamientos de la defensa de ambas demandas fueron casi idénticos. Argentina cuestionó después la imparcialidad del árbitro, pero su petición fue desestimada.
Otro candidato a ocupar la presidencia del tribunal del caso Repsol es el francés Jan Paulson, alguien conocido en el ramo del arbitraje internacional y con oficinas en Londres, Miami y Bahrain. Es uno de los pocos árbitros de élite que sigue formando parte de una firma de abogados global, Freshfields, que es nada menos que el bufete que asesora a Repsol en la demanda contra la Argentina. Su imparcialidad fue cuestionada en 2008, durante el caso de Lemire contra Ucrania, porque el bufete Freshfields estaba defendiendo a Ucrania en otro caso. Actualmente, representa al gigante petrolero Conoco Phillips en su demanda de 30.000 millones de dólares contra Venezuela. En 2009, publicó una crítica devastadora sobre los Gobiernos que están intentando recuperar el control de sus recursos naturales de inversores extranjeros, que despliegan políticas redistributivas y que se muestran críticos con el arbitraje internacional y con las leyes que otorgan a los inversores extranjeros amplios derechos.
Otra posibilidad es William W. Park, norteamericano. Actualmente es presidente de la Corte de Arbitraje Internacional de Londres, también una de las instancias de arbitraje más herméticas: hasta 2006, estaba prohibido que se publicaran sus decisiones. Sugiere que los tratados de inversión que otorgan a los inversores extranjeros una amplia protección, así como el derecho a demandar directamente a los Gobiernos, son positivos para el desarrollo. Defiende las cláusulas de protección de las inversiones en acuerdos como el NAFTA y ha criticado a quienes han intentado suavizar sus disposiciones.
Los últimos dos posibles nombres dentro de las probabilidades más altas para que integren el tribunal son el italiano Piero Bernardini o el suizo Lucius Caflisch. Ambos ya han conformado tribunales contra la Argentina en al menos cinco oportunidades. La única demanda que tuvo un laudo por parte de este dúo fue un laudo en contra de nuestro país por 78 millones de dólares, y que Argentina decidió iniciar procedimiento de anulación en 2012, proceso hoy en trámite.Evolución del precio de las acciones de Repsol entre 2012 y 2013.
Si bien aún no es definitivo el nombre de quien pueda presidir el tribunal del CIADI por el caso Repsol, sí está claro que si es alguno de los mencionados el panorama para un laudo exitoso para Argentina es complicado. Esto solamente considerando lo “estratégico” de la designación de los árbitros, porque además deben tenerse en cuenta la cuestión sistémica del CIADI como organismo. Analizando esto se ve que el 47% de los árbitros son provenientes de países de Europa Occidental y el 22% de América del Norte. El resto de mundo ocupa en conjunto el 31%, dentro del cual América Latina ocupa solo un 10% es de América del Sur y el Caribe un 2%. Esto refleja un fuerte perfil del sistema jurídico anglosajón (common law) como criteria no formal para resolver los casos y no el derecho internacional como principal fuente normativa, aunque los tribunales del Ciadi no sean estrados anglosajones sino internacionales. Ello se ve en el intento de querer formar “precedentes judiciales” en tribunales que son únicos y creados especialmente para el caso (ad hoc). Esta es una fuerte contradicción que marca el sesgo del sistema arbitral en el CIADI más allá de la selección de árbitros individuales en casos particulares.Negocios son negocios: explotaciones de Repsol en Argentina.
Sabiendo que nuestro país es el más demandado en el mundo ante el CIADI, los escenarios se reducen a tres: quedarse dentro del sistema de protección de inversiones, esto es dentro del CIADI y manteniendo los TBI tal cual ha sido la postura argentina hasta hoy. Otro escenario sería denunciar el Convenio de Washington del CIADI y todos TBIs en bloque, lo que supone problemas para los próximos años, a raíz de las cláusulas de ultra-actividad que los TBI poseen y que alargan la vida de estos tratados por hasta 15 años después de denunciados, permitiendo “demandas póstumas”, es decir reclamos aun cuando nuestro país se haya retirado del CIADI y haya terminado todos los TBI. El tercer escenario es directamente plantear la nulidad de los TBIs, lo que tendría efectos retroactivos sobre todos los litigios comenzados desde su vigencia. En el caso argentino es posible hacerlo ya que la esencia de estos tratados es prorrogar su jurisdicción en favor de una instancia internacional como el CIADI, lo cual contradice al Art. 116 de la Constitución Nacional. Por otro lado, el Art. 46 de la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969 contempla la facultad de anular los tratados si van manifiestamente en contra de una norma fundamental del Estado. Tomar esa opción implicaría que todos los procesos vinculados al CIADI queden como si nunca hubieran sucedido y proteger a las inversiones o bien mediante la “Cláusula Calvo” o bien mediante la protección diplomática, como indica el derecho internacional consuetudinario, lo que ofrece una salida posible a la actual situación y plantea la necesidad de un nuevo tratamiento legal para las inversiones extranjeras en el país.
Categorias: Planet Not For Sale
De cardenal Bergoglio a Papa Francisco
15 março, 2013 - 18:35
Para los supersticiosos: un histórico martes 13. Para los fieles: la elección de un Papa histórico. La designación del cardenal argentino Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y máxima autoridad de la Santa Sede causó sorpresa por motivos diversos, no solamente porque la elección por parte del cónclave vaticano de cardenales decidió rápidamente (Bergoglio fue elegido en la quinta votación y en dos días de duración del cónclave y con un alto concenso dentro del mismo), sino también por razones que ya los periódicos de todas las latitudes se encargan de subrayar: que se trata del primer Papa sudamericano, es más, el primer Papa no europeo, pero además el primer Papa jesuita en la historia de la Iglesia.
En lo personal entiendo que este último dato resalta de una importancia mucho mayor que la nacionalidad argentina de la autoridad papal. Ya se oyen opiniones referidas al hecho de que al ser argentino el Papa, podría significar ciertos beneficios para la población local o posicionamientos determinados de ciertos sectores locales llevados ahora a foros "más importantes" a nivel internacional. Pero en realidad ello no va más allá de una expresión de deseos que poco tiene que ver con la realidad política, institucional e incluso religiosa del hecho que sorprendió a todos.
Resalto la condición de la orden a la que el ahora Papa Francisco pertenece -la Compañía de Jesús- dado que era el único cardenal de dicha orden dentro del cónclave, lo cual lo diferencia del resto de sus compañeros participantes y lo posiciona en un claro sector minoritario dentro en esta especie de "asamblea" de la cúspide colegiada de la Iglesia Católica.
Es preciso considerar dos planos antes de proseguir: el primero es el plano del posicionamiento político-ideológico de Jorge Bergoglio en el ámbito local y respecto de la política (llamémosle) laica, más afín a sectores conservadores aunque no de los más rancios, pero que sin embargo no demoró en posicionarse duramente contra el reconocimiento de derechos maritales a personas del mismo sexo o cuestiones de salud reproductiva (ejemplo: la enseñanza de educación sexual en las escuelas) y ni qué decir respecto a temas aún más urticantes para la Iglesia como el aborto. En ese plano, Bergoglio no se ha diferenciado de los aspectos más básicos y mayoritarios de la Iglesia Católica y una opinión en contrario sería efectivamente la sorpresa. En este ámbito es que también pueden incluirse las acusaciones y denuncias existentes contra el ex cardenal respecto de la última dictadura militar argentina en cuanto a que hubo una colaboración a nivel institucional entre el clero y los sectores de poder que perpetuaron aquel golpe y que fueron en minoría los casos de religiosos y religiosas que se identificaron con los sectores sociales perseguidos en esos nefastos momentos.
Hoy el Vaticano responde aduciendo una "campaña de una izquierda anticlerical" contra Francisco. No texiste ni tal complot contra el nuevo Papa como tampoco pruebas acabadas que hayan fundamentado judicialmente las acusaciones que giran en su entorno. Sí es cierto que Bergoglio fue llamado como testigo por la desaparición de sacerdotes durante la dictadura entre 1976 y 1983 y que fue un testigo reticente y hay quienes le reclaman por no haber hecho lo suficiente con los curas bajo sus órdenes y que fueron desaparecidos por la dictadura. También fue toda la institución eclasiástica la que colaboró con la comisión de delitos de lesa humanidad, a la que el hoy Papa Francisco pertenece, por supuesto. Pero la justicia no halló responsabilidad individual del ex cardenal sobre los hechos que se le imputaban.
Pero esto no es lo único. Existe además otro plano sobre el cual se dirimen las distintas corrientes internas en materia dogmática, litúrgica y por supuesto ideológica y política hacia adentro de la llamada Iglesia Universal y que da la puja de poder hacia el interior del clero. Este plano permite hacer ciertas disquisiciones hacia adentro de la Iglesia, que si bien no modifica la realidad macro del Vaticano y de la institución eclesiástica, sí hace jugar factores de poder internos en las pujas dentro de la Iglesia. En este sentido, el hecho de que el Papa Francisco sea de la orden jesuita es un hecho sumamente relevante que debe ser sopesado como el verdadero factor sorpresivo de la elección del día de ayer.
La Compañía de Jesús es una orden fundada en 1540 por varios sacerdotes vascos entre los cuales resalta San Ignacio de Loyola. Loyola decidió, con la formación de esta orden, encabezar el movimiento de la contrarreforma católica, opuesta a los sectores reformistas del seno de la Iglesia de Roma que se alzaron en protesta en contra de la corrupción de la institución y por un retorno a los orígenes litúrgicos y del credo católico: la "Reforma Protestante" encabezada por sacerdote germano Martín Lutero, entre otros. Este perfil dado por Loyola en virtud de la contrarreforma motivó la creación de un cuerpo especial ligado al Papa de Roma por "un vínculo especial de amor y servicio", tal como dicen los estatutos originales de la orden. Así, los religiosos miembros de la orden (la misma también permite laicos como miembros) realizan los tres votos esenciales del sacerdocio (obediencia, pobreza y castidad) sumados a un cuarto voto por el cual se someten en obediencia directa al Papa de Roma. La fórmula de su jura dice: "Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir solo al Señor y la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra." Esto no es solamente una frase consuetudinaria sino toda una declaración política en momentos en que el Papado se hallaba en guerra contra los sectores reformistas y contra las monarquías que se declaraban protestantes, o bien en otros momentos históricos en los que se contó con dos o más Papas en diversas sedes siendo Roma y Avignón las más recordadas.
Así, para actuar precisamente contra la reforma protestante, los jesuitas se dedicaron especialmente a la educación y la formación como también a la evangelización en territorios más allá de los conocidos entonces: por ello son famosas las "misiones jesuitas" en América y cuyos resabios perduran hoy en colegios religiosos primarios y secundarios así como en universidades (la Universidad del Salvador en Argentina, por ejemplo, en su momento fundada por los jesuitas), en ruinas como las de San Ignacio (Argentina) o incluso en referencias nominales de algunas jurisdicciones nacionales (la provincia argentina de Misiones, por ejemplo).
Los jesuitas poseen una formación muy estricta especializándose en humanidades, filosofía y por supuesto teología. Son una clase de "sector intelectual" dentro de la Iglesia Católica dada su profunda formación en las áreas mencionadas. Por sus actividades seculares y su involucramiento social, supieron también desarrollar la gestión de sus misiones, lo cual supo originar un grueso cuerpo administrativo y un fuerte sector financiero que se sumó a su tarea de evangelización. Esto significó, en el devenir del tiempo, en una acumulación de poder que dependía directamente del Papa y por fuera de cualquier estructura interna de la Iglesia así como de jurisdicciones laicas de las monarquías europeas. Ello comúnmente hizo que entraran en conflicto en los territorios donde actuaban las misiones y que, a la vez, pertenecían a las distintas coronas europeas, como en América, y que originó que fueran perseguidos durante varios, conociéndose por ejemplo su expulsión de las colonias americanas a raíz de la sombra que significaron en cuanto a poder político en las colonias de los reyes de Portugal y de España, sobre todo con la llegada de la dinastía Borbón a esta última corona.
Supieron ganarse enemigos no solo con los sectores protestantes o con los monarcas celosos de su poder político, sino también con los movimientos ilustrados posteriores durante la Revolución Francesa: liberales como Voltaire o Montesquieu, los monarcas que adhirieron al Despotismo Ilustrado del siglo XVIII, los masones o mandatarios como Napoleón, John Adams -segundo presidente de los EE.UU.- e incluso Otto von Bismarck. Todas estas complejidades hicieron que a través de los años los jesuitas fueran expulsados sucesivamente de casi todos los lugares donde actuaban y que ello significara a su vez tensiones con el Papado ante los límites de la protección de la autoridad papal sobre la orden en contradicción con su férreo voto obediencia directa.
Pero también cosecharon enemigos dentro de la Iglesia con los sectores más conservadores. Esto es a raíz del conocido Concilio Vaticano II de 1962 que motivó distintos perfiles doctrinarios en el seno de la Iglesia Católica, así también con distintos sectores nada menores dentro de la orden que abrazaron la llamada "Teología de la Liberación" u"opción por los pobres", por lo que la propia Compañía se nutrió tanto de sectores conservadores hacia adentro de la misma como de sectores progresistas en términos políticos.
Esta es la orden jesuita de donde proviene el actual Papa -que con su sola designación ha ganado la tapa de la revista Time-, de hecho no de los sectores más conservadores dentro de la Curia Romana, aunque tampoco identificable con los perfiles más progresistas de transformación doctrinaria o incluso social. Sólo entendiendo sus orígenes se comprende que los "gestos" del Papa Francisco pueden sorprender o asombrar a los desprevenidos, pero que no hacen más que honrar ese perfil meticuoso, bien formado, austero y leal de la orden. De hecho, se trata de una orden que fue profundamente crítica -y en esto es inclusivo al Papa Francisco- de las políticas neoliberales a nivel mundial, más aún en América Latina, algo que los sectores conservadores parecen haber olvidado muy fácilmente.
Conocida es su posición opositora sobre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lo que puede trasladarse a la generalidad de los "gobiernos populistas" o post-neoliberales en la región, aunque suene ello apresurado. ¿Será acaso apresurado hacer una comparación con la elección de Karol Wojtyla (ferviente anticomunista) para la Polonia de 1978 bajo los influjos de la URSS? Hay tela para cortar sin dudas, pero entiendo que los cambios pueden ser más gesticulares -a veces no menores en una institución cargada de símbolos- que materiales.
Por todo esto es esperable que la asunción de un Papa jesuita genere un reflujo de las pujas internas vaticanas. Puede significar un alejamiento de los sectores más conservadores identificados con Benedicto XVI debido a los escándalos de pederastía y las filtraciones del llamado "Vatileaks", pero no necesariamente ello repercutirá en cambios estructurales de la Curia Vaticana. El nombre elegido por la autoridad papal, en alusión a San Francisco de Asís, es sin dudas uno de los varios gestos simbólicos que en estos primeros días el Papa ha manifestado y que ratifican el perfil ya cultivado por Bergoglio en Buenos Aires: un perfil bajo, sencillo, de actitudes no confrontativas. Y ello le vale a la confrontación con los poderes internos de la Iglesia.
En lo personal entiendo que este último dato resalta de una importancia mucho mayor que la nacionalidad argentina de la autoridad papal. Ya se oyen opiniones referidas al hecho de que al ser argentino el Papa, podría significar ciertos beneficios para la población local o posicionamientos determinados de ciertos sectores locales llevados ahora a foros "más importantes" a nivel internacional. Pero en realidad ello no va más allá de una expresión de deseos que poco tiene que ver con la realidad política, institucional e incluso religiosa del hecho que sorprendió a todos.
Resalto la condición de la orden a la que el ahora Papa Francisco pertenece -la Compañía de Jesús- dado que era el único cardenal de dicha orden dentro del cónclave, lo cual lo diferencia del resto de sus compañeros participantes y lo posiciona en un claro sector minoritario dentro en esta especie de "asamblea" de la cúspide colegiada de la Iglesia Católica.
Es preciso considerar dos planos antes de proseguir: el primero es el plano del posicionamiento político-ideológico de Jorge Bergoglio en el ámbito local y respecto de la política (llamémosle) laica, más afín a sectores conservadores aunque no de los más rancios, pero que sin embargo no demoró en posicionarse duramente contra el reconocimiento de derechos maritales a personas del mismo sexo o cuestiones de salud reproductiva (ejemplo: la enseñanza de educación sexual en las escuelas) y ni qué decir respecto a temas aún más urticantes para la Iglesia como el aborto. En ese plano, Bergoglio no se ha diferenciado de los aspectos más básicos y mayoritarios de la Iglesia Católica y una opinión en contrario sería efectivamente la sorpresa. En este ámbito es que también pueden incluirse las acusaciones y denuncias existentes contra el ex cardenal respecto de la última dictadura militar argentina en cuanto a que hubo una colaboración a nivel institucional entre el clero y los sectores de poder que perpetuaron aquel golpe y que fueron en minoría los casos de religiosos y religiosas que se identificaron con los sectores sociales perseguidos en esos nefastos momentos.
Hoy el Vaticano responde aduciendo una "campaña de una izquierda anticlerical" contra Francisco. No texiste ni tal complot contra el nuevo Papa como tampoco pruebas acabadas que hayan fundamentado judicialmente las acusaciones que giran en su entorno. Sí es cierto que Bergoglio fue llamado como testigo por la desaparición de sacerdotes durante la dictadura entre 1976 y 1983 y que fue un testigo reticente y hay quienes le reclaman por no haber hecho lo suficiente con los curas bajo sus órdenes y que fueron desaparecidos por la dictadura. También fue toda la institución eclasiástica la que colaboró con la comisión de delitos de lesa humanidad, a la que el hoy Papa Francisco pertenece, por supuesto. Pero la justicia no halló responsabilidad individual del ex cardenal sobre los hechos que se le imputaban.
Pero esto no es lo único. Existe además otro plano sobre el cual se dirimen las distintas corrientes internas en materia dogmática, litúrgica y por supuesto ideológica y política hacia adentro de la llamada Iglesia Universal y que da la puja de poder hacia el interior del clero. Este plano permite hacer ciertas disquisiciones hacia adentro de la Iglesia, que si bien no modifica la realidad macro del Vaticano y de la institución eclesiástica, sí hace jugar factores de poder internos en las pujas dentro de la Iglesia. En este sentido, el hecho de que el Papa Francisco sea de la orden jesuita es un hecho sumamente relevante que debe ser sopesado como el verdadero factor sorpresivo de la elección del día de ayer.
La Compañía de Jesús es una orden fundada en 1540 por varios sacerdotes vascos entre los cuales resalta San Ignacio de Loyola. Loyola decidió, con la formación de esta orden, encabezar el movimiento de la contrarreforma católica, opuesta a los sectores reformistas del seno de la Iglesia de Roma que se alzaron en protesta en contra de la corrupción de la institución y por un retorno a los orígenes litúrgicos y del credo católico: la "Reforma Protestante" encabezada por sacerdote germano Martín Lutero, entre otros. Este perfil dado por Loyola en virtud de la contrarreforma motivó la creación de un cuerpo especial ligado al Papa de Roma por "un vínculo especial de amor y servicio", tal como dicen los estatutos originales de la orden. Así, los religiosos miembros de la orden (la misma también permite laicos como miembros) realizan los tres votos esenciales del sacerdocio (obediencia, pobreza y castidad) sumados a un cuarto voto por el cual se someten en obediencia directa al Papa de Roma. La fórmula de su jura dice: "Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir solo al Señor y la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra." Esto no es solamente una frase consuetudinaria sino toda una declaración política en momentos en que el Papado se hallaba en guerra contra los sectores reformistas y contra las monarquías que se declaraban protestantes, o bien en otros momentos históricos en los que se contó con dos o más Papas en diversas sedes siendo Roma y Avignón las más recordadas.
Así, para actuar precisamente contra la reforma protestante, los jesuitas se dedicaron especialmente a la educación y la formación como también a la evangelización en territorios más allá de los conocidos entonces: por ello son famosas las "misiones jesuitas" en América y cuyos resabios perduran hoy en colegios religiosos primarios y secundarios así como en universidades (la Universidad del Salvador en Argentina, por ejemplo, en su momento fundada por los jesuitas), en ruinas como las de San Ignacio (Argentina) o incluso en referencias nominales de algunas jurisdicciones nacionales (la provincia argentina de Misiones, por ejemplo).
Los jesuitas poseen una formación muy estricta especializándose en humanidades, filosofía y por supuesto teología. Son una clase de "sector intelectual" dentro de la Iglesia Católica dada su profunda formación en las áreas mencionadas. Por sus actividades seculares y su involucramiento social, supieron también desarrollar la gestión de sus misiones, lo cual supo originar un grueso cuerpo administrativo y un fuerte sector financiero que se sumó a su tarea de evangelización. Esto significó, en el devenir del tiempo, en una acumulación de poder que dependía directamente del Papa y por fuera de cualquier estructura interna de la Iglesia así como de jurisdicciones laicas de las monarquías europeas. Ello comúnmente hizo que entraran en conflicto en los territorios donde actuaban las misiones y que, a la vez, pertenecían a las distintas coronas europeas, como en América, y que originó que fueran perseguidos durante varios, conociéndose por ejemplo su expulsión de las colonias americanas a raíz de la sombra que significaron en cuanto a poder político en las colonias de los reyes de Portugal y de España, sobre todo con la llegada de la dinastía Borbón a esta última corona.
Supieron ganarse enemigos no solo con los sectores protestantes o con los monarcas celosos de su poder político, sino también con los movimientos ilustrados posteriores durante la Revolución Francesa: liberales como Voltaire o Montesquieu, los monarcas que adhirieron al Despotismo Ilustrado del siglo XVIII, los masones o mandatarios como Napoleón, John Adams -segundo presidente de los EE.UU.- e incluso Otto von Bismarck. Todas estas complejidades hicieron que a través de los años los jesuitas fueran expulsados sucesivamente de casi todos los lugares donde actuaban y que ello significara a su vez tensiones con el Papado ante los límites de la protección de la autoridad papal sobre la orden en contradicción con su férreo voto obediencia directa.
Pero también cosecharon enemigos dentro de la Iglesia con los sectores más conservadores. Esto es a raíz del conocido Concilio Vaticano II de 1962 que motivó distintos perfiles doctrinarios en el seno de la Iglesia Católica, así también con distintos sectores nada menores dentro de la orden que abrazaron la llamada "Teología de la Liberación" u"opción por los pobres", por lo que la propia Compañía se nutrió tanto de sectores conservadores hacia adentro de la misma como de sectores progresistas en términos políticos.
Esta es la orden jesuita de donde proviene el actual Papa -que con su sola designación ha ganado la tapa de la revista Time-, de hecho no de los sectores más conservadores dentro de la Curia Romana, aunque tampoco identificable con los perfiles más progresistas de transformación doctrinaria o incluso social. Sólo entendiendo sus orígenes se comprende que los "gestos" del Papa Francisco pueden sorprender o asombrar a los desprevenidos, pero que no hacen más que honrar ese perfil meticuoso, bien formado, austero y leal de la orden. De hecho, se trata de una orden que fue profundamente crítica -y en esto es inclusivo al Papa Francisco- de las políticas neoliberales a nivel mundial, más aún en América Latina, algo que los sectores conservadores parecen haber olvidado muy fácilmente.
Conocida es su posición opositora sobre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lo que puede trasladarse a la generalidad de los "gobiernos populistas" o post-neoliberales en la región, aunque suene ello apresurado. ¿Será acaso apresurado hacer una comparación con la elección de Karol Wojtyla (ferviente anticomunista) para la Polonia de 1978 bajo los influjos de la URSS? Hay tela para cortar sin dudas, pero entiendo que los cambios pueden ser más gesticulares -a veces no menores en una institución cargada de símbolos- que materiales.
Por todo esto es esperable que la asunción de un Papa jesuita genere un reflujo de las pujas internas vaticanas. Puede significar un alejamiento de los sectores más conservadores identificados con Benedicto XVI debido a los escándalos de pederastía y las filtraciones del llamado "Vatileaks", pero no necesariamente ello repercutirá en cambios estructurales de la Curia Vaticana. El nombre elegido por la autoridad papal, en alusión a San Francisco de Asís, es sin dudas uno de los varios gestos simbólicos que en estos primeros días el Papa ha manifestado y que ratifican el perfil ya cultivado por Bergoglio en Buenos Aires: un perfil bajo, sencillo, de actitudes no confrontativas. Y ello le vale a la confrontación con los poderes internos de la Iglesia.
Categorias: Planet Not For Sale
La muerte de Chávez
5 março, 2013 - 04:59
Tras una lucha muy dura contra el cáncer por dos años, Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, falleció en La Habana hoy 5 de marzo, durante el proceso de recuperación de su última intervención por su enfermedad. Es un hecho de trascendencia que podía encontrarse dentro de los escenarios posibles, por lo que no caben sorpresas de lo ocurrido. Sí es de trascendencia porque fallece un referente de las luchas sociales y a la vez de un conjunto de perfiles políticos dentro de la región que podríamos llamar genéricamente “post-neoliberales” y del cual, sin dudas, era una de sus cabeceras. En ese sentido, y más allá de las simpatías o de los rechazos, Chávez fue una locomotora dentro de la integración regional en la América Latina de estos tiempos. Fuera por el petróleo, fuera por su voluntad política, por visión o por oportunidad, o por todo eso junto, con saldos positivos y negativos, pero sin duda alguna es una impronta de la cual será imposible narrar la historia de la primera década del siglo XXI sin mencionar siquiera su nombre. Hacerlo sería un error histórico y grave, de la talla de no mencionar el fin de la 1ra Guerra Mundial sin mencionar la Revolución Bolchevique, o de la amenaza a las monarquías del siglo XVIII sin mencionar la Revolución Francesa, o de no comprender la complejidad política argentina del último medio siglo sin la existencia del peronismo.
Chávez asumió en 1999 cuando nadie en América Latina se decía “de izquierda”, ni siquiera él, convencido de que era necesario dar vuelta definitivamente la página nada pequeña del neoliberalismo en Venezuela, para lo cual era necesario romper con el bipartidismo gobernante entre los democristianos y la socialdemocracia del COPEI, que habían traído una quietud política que hacía juego al conservadurismo del establishment local y su juego a ciertos intereses internacionales, principalmente los norteamericanos como principal fuente regional de abastecimiento de petróleo.
El primer camino elegido por Chávez fue tras el “Caracazo” (1989), y fue mediante el quiebre de las instituciones venezolanas. Fue golpista y dirigió el intento de Golpe de Estado de febrero de 1992 en Venezuela. Intento que acabó con su fracaso y que pagó con la cárcel por sedición, haciéndose personalmente cargo por tales actos, actitud que el pueblo venezolano observó con asombro: era la primera vez que un militar golpista y una figura política decía “sí, fui yo, y asumo la total responsabilidad por esto”. Así Chávez, junto con los principales líderes de la intentona golpista, pasó 2 años en la prisión de San Francisco de Yare esperando juicio. En prisión co-escribió Cómo salir del laberinto, mientras su popularidad aumentaba como una figura política alternativa al sistema gobernante. Finalmente fue liberado el 27 de marzo de 1994 tras el sobreseimiento que le otorgó el ex-presidente Rafael Caldera, parlamentario y principal dirigente del COPEI en el poder, como parte de un acuerdo político con sectores de izquierda para lograr un apoyo al gobierno en medio de una crisis política y económica de pocos precedentes en Venezuela.
En 1998 organizó el Frente por la V República: partido político que lo llevaría al poder al año siguiente con un inmenso apoyo popular, producto de la acumulación política de más de un lustro. Ello rompía el esquema del bipartidismo, pero no necesariamente se diferenciaba de otros ex militares golpistas que asumían la presidencia de su país con el fin de hacerse de los recursos del Estado y negociar prebendas personales. Su gobierno prometía cambios aparentemente radicales basados en una reforma constitucional, pero los compromisos anteriormente asumidos por Venezuela respecto de sus contratos petroleros hacían que ese país tuviera poco margen de maniobra para tales cambios. Sin embargo, Chávez asumió la presidencia con un genuino ánimo de trasformación sobre todo respecto de la situación en la que vivían las mayorías sociales venezolanas. Para ello, en un “pero-Estado” como Venezuela, el control sobre la producción de crudo era esencial como fuente de divisas que distribuir en planes sociales, en programas de educación, de salud y de vivienda, por ejemplo. Pero lo que sí sorprendió –y de no muy buen modo en los estamentos estadounidenses- fue que a ello se le sumase la reforma constitucional, la cual hizo efectiva en el año 2000. Eso modificó las bases del aparato del Estado venezolano, otorgó nuevos derechos sociales y barajó de nuevo la política sobre los recursos económicos en Venezuela. Y la respuesta no se hizo esperar demasiado tiempo... Cuando en 2002 fue el nuevo intento de Golpe de Estado, esta vez contra Chávez, los golpistas respondieron a una organización que funcionó al ritmo de Washington y que, tras el fracaso dos días después de la deposición de Chávez, no tuvieron la altura de asumir la prisión por lo que pidieron sendos indultos.
De este modo, el “proceso bolivariano” se radicalizó y pasó a ser una abierta “revolución bolivariana y socialista”. Es a partir del golpe de 2002 que Chávez vira decididamente hacia una izquierda más radical, y es el momento en que acuña su “socialismo del siglo XXI” para reflejar la necesidad de reescribir un ideario y una práctica de izquierda, transformadora, que no se atara a los formatos soviéticos, socialdemócratas o demás procesos identificados con la guerra fría, como el maoísmo. Se acerca mucho más en su alianza con Fidel Castro y se profundiza a partir de allí su persecución y estudio por un camino nuevo dentro de la izquierda latinoamericanista.
La reforma constitucional fue clave no solo para Venezuela sino para las demás naciones de la región en donde también se vivieron reformas constitucionales. El hecho de una renovación constitucional como la de la Constitución Bolivariana de 2000 puede ser tomado como un hecho de referencia frente a otras reformas constitucionales igualmente profundas o de incluso una mayor hondura política, como ser en los casos de las enmiendas constitucionales de Bolivia (2007) y de Ecuador (2008).
Aparejado a estos cambios, el proceso que significó el chavismo fue un quiebre en cuanto a la política histórica venezolana comparable en este sentido con el peronismo en Argentina. Con ello no digo que Chávez sea Perón, sino que el chavismo como proceso político en la historia de Venezuela ha dado una marca tan profunda como la dio en su momento el peronismo en los años ´40 en Argentina. Así como el paso de Perón no puede ser ninguneado en términos históricos para entender la historia argentina de este último siglo, tampoco ha de poder obviarse la huella que el chavismo ha dejado marcada en la historia venezolana.
Pero tampoco este proceso quedó exento de críticas o de rasgos nada envidiables. La marcada tendencia a una concentración unipersonal del poder es un rasgo que Chávez ha encarnado casi como ninguno. Ello marcó un problema notable dentro de las propias filas del chavismo al momento de tener que afrontar elecciones presidenciales frente a escenarios donde la reelección no fuera posible –como ocurrió con el último mandato, cuya candidatura solo pudo ser posible mediante una interpretación de puntos oscuros de la Constitución Bolivariana- o mismo frente a la propia enfermedad del Presidente y la continuidad del gobierno. El dilema de los procesos personalistas es precisamente cuando se pone en riesgo la continuidad del proceso sin la figura del líder. Y esto se ha vivido en distintos momentos y lugares (y vuelve a mi mente el “peronismo sin Perón” de Augusto Vandor, y quien fuera hasta el día de hoy calificado como no menos que “traidor” por los propios peronistas. Pero cierto es que estos procesos viven su impronta al son del latido de la figura de su líder, lo cual le pone piso y a la vez techo: nadie tiene comprada una vida eterna o un poder ilimitado. y esta debió ser una de las principales encrucijadas a las que Chávez debió someterse, y lo hizo no por propia voluntad sino frente a una enfermedad terminal avanzada y con un posible escenario complicado para su tratamiento. Y solo en ese marco, Chávez designó como sucesor político a Nicolás Maduro, su Vicepresidente.
Otro de las críticas más recurrentes es la del carácter “dictatorial” de Chávez. Y en este punto hay que resaltar que, de haberlo sido, Chávez tuvo un perfil notable como dictador: se trataría, pues, del dictador más votado en la historia. Chávez gano 14 de 15 procesos electorales, lo cual marca un récord electoral tanto en cantidad de veces como en cantidad de sufragios. Debe tenerse en cuenta también el hecho de que en Venezuela las elecciones no son obligatorias, como ser en caso de Argentina, pero que ello no ha quitado que haya acudido el 80% del padrón electoral en forma recurrente para apoyar al chavismo. Esto es algo que dictadores en serio no contaron… Pero hay más. Podría decirse que todas estas elecciones, todas ellas, durante nada menos que 14 años, han estado todas arregladas, que la corrupción (que no es menor en Venezuela como tampoco en el resto de América Latina) ha percudido el sistema electoral venezolano de forma tal que las elecciones fuesen un mero trámite, una opereta ligera, un montaje. Pues la mayoría de estas elecciones ocurrieron con la observación de organismos internacionales tales como la OEA o la Fundación Jimmy Carter, ninguna de ellas precisamente “aliadas” del chavismo, sin que se le pudieran hacer objeciones que menoscabaran un ápice la legitimidad y la legalidad de todas estas elecciones. De hecho, Jimmy Carter –Premio Nobel de la Paz- elogió el sistema electoral venezolano bajo las presidencias de Chávez, con lo cual el calificativo de “dictadura” es cuanto menos fuertemente debatible incluso desde la óptica liberal norteamericana, es decir desde un punto objetivamente anti-chavista. Sí pueden resultar válidas las críticas a la concentración de poder, al “estilo” de su ejercicio, pero no a su legitimidad o legalidad, por lo menos no desde un punto de vista serio.
Luego del intento de golpe contra Chávez, fue el paro petrolero de PDVSA a fines de 2002 e inicios de 2003: un lock-out organizado desde dentro y desde fuera de Venezuela todavía más graves que los realizados contra Allende durante su mandato en Chile. Y no obstante pudo soportar el paro. La respuesta del gobierno fue –y nuevamente por más- controlar PDVSA, que pasó a ser una empresa con control estatal, pieza clave de la economía del país.
El otro factor central que había operado durante el golpe de 2002 habían sido los medios de comunicación, quienes le habían declarado al régimen chavista mucho más que una abierta oposición: una guerra mediática declarada, incluso apelando a abiertos llamados al Golpe de Estado y hasta el magnicidio. En España críticas mucho menores sobre la figura del monarca Juan Carlos de Borbón merecen penas de prisión inmediatas. En Venezuela parecieran “justificadas” en pos de una presunta libertad de expresión que parece poder justificar hasta la apología del delito contra un mandatario. Pero no hay normas de prisión en Venezuela contra este tipo de prácticas… Pese a ello, cuando a los años caducó la concesión de Globovisión –entre otras cadenas golpistas- el gobierno de Chávez no renovó tales permisos obligando al cierre de tales medios. Nada inocente la maniobra, pero tampoco fue hacia niños lactantes empapados de inocencia y candidez precisamente. A pesar de ello, la relación entre el chavismo y los medios de comunicación siempre fue más que tirante, incluso mucho más que en Argentina, lo cual también ha ayudado a distorsionar las lecturas de los hechos tanto desde el oficialismo como de la oposición, por lo que “la voz de la verdad” parece sonar más balbuceante que de modo nítido y claro.
También tuvo el raro privilegio de ser el primer mandatario en el mundo en poner a disposición su cargo para ser revocado. En 2004 la sociedad venezolana participó en un referéndum revocatorio del mandato presidencial, luego que la oposición hubiera conseguido una victoria parcial y haber acumulado las firmas suficientes como para solicitar tal referendo bajo las normas constitucionales que el propio Chávez había sancionado con la reforma. Pero el referendo favoreció fuertemente al chavismo, para sorpresa de la oposición que quedó derrotada nuevamente.
En 2006 impulsó un proceso político polémico con la creación del Partido Socialista Único (PSU) de Venezuela, de cara a las elecciones presidenciales de ese año, y que luego pasó a llamarse Partido Socialista Unido. La idea de desmantelar el FVR como “confederación de partidos” y sustituirlo como un “partido único”, alejaba al proceso del ideario original de inicios del 2000, y ello le valió duras críticas incluso desde dentro de las filas del chavismo. Del mismo modo fue el golpe más duro que recibió el régimen y que quiso ser minorizado por el propio Chávez con poco éxito: la única derrota electoral con el pedido de una nueva reforma constitucional en 2007. Chávez adujo que la derrota había obedecido a faltas de comunicación sobre su proyecto, pero la reelección indefinida así como otras medidas incluidas en la nueva reforma mostraban los límites del proceso bolivariano y de una sociedad no lista para aceptar tales modificaciones. El mandatario dijo en su momento que volvería a presentar la reforma “en días”, pero fueron días que se convirtieron en años, y fue una reforma que se hizo enmienda: recién en 2009 hubieron modificaciones a la constitución ya sancionada en 2000, con lo que el intento del chavismo se vio fuertemente frustrado.
Dentro del contexto regional, en medio de una crisis internacional muchas veces ya comparada con la Gran Depresión de los ´30, hace que el fallecimiento de una personalidad como Chávez, dirigente del principal país fuente de petróleo en la región para EEUU y un componente energético clave para el Mercosur, ideólogo además de procesos de integración como el ALBA, la creación de Petrocaribe, el Banco del Sur, o máximo referente en su rechazo declarado al ALCA, así como mentor de la CELAC, o como vinculo en las negociaciones entre Colombia y las FARC (principal conflicto armado en la región hoy), solo para mencionar algunas cuestiones de alto impacto en las que Chávez protagonizó, hace que su fallecimiento sea un hecho que deba sopesarse como un momento bisagra en la historia reciente de la región y también en algún modo a nivel internacional.
Se pone en juego nada menos que la continuidad del proceso bolivariano en Venezuela. Maduro ya ha sido designado formalmente como candidato a las nuevas elecciones –obedeciendo lo normado en el Art. 233 de la Constitución Bolivariana reformada con el chavismo- que impide una sucesión presidencial automática y manda a un nuevo proceso electoral, a pesar de haberse celebrado uno este mismo año en donde Chávez fue reelegido como mandatario por un nuevo período. Capriles será nuevamente el principal candidato por la oposición y nuevamente el referente de los sectores de la era política previa al chavismo. Pero pocas son las señales que puedan dar como resultado un vuelco del proceso bolivariano en Venezuela, lo cual no quita que el mismo pueda tener modificaciones –como también las tuvo el propio Chávez en estos 14 años-.
Pero más allá de los resultados electorales por venir, que no dejarán de ser importantes, la dirección que Hugo Chávez supo dar en la región será difícil de reemplazar. El liderazgo brasileño en ese tono no fue tan claro incluso durante las presidencias de “Lula” como tampoco con Dilma, y otros perfiles cercanos como ser los de Correa, Evo Morales o Mujica no llegan al peso de la impronta de Chávez. Una posibilidad sea que esos ojos de dirección comiencen a mirar a la Argentina de CFK, quien lo sabe… En tal caso, muy distinta sería esa dirección y –en términos personales- quizás no lleguen a alcanzar la misma dimensión que supo colocar el comandante de las fuerzas paracaidistas de Venezuela. El retiro del CIADI, el control sobre los recursos naturales, las fuertes tensiones con EEUU, no son factores con los que –hasta hoy- cuente el kirchnerismo para tal comparación. Y esto hace que la región sienta la ausencia de ese actor: un Chávez políticamente molesto en la región para los intereses acomodados que sea el “factor radical” que pueda promover cambios entre regímenes más o menos moderados como los habidos en los países de mayor peso en América del Sur: Brasil y Argentina.
Chávez deja una Venezuela como tercer país en términos de peso político y económico dentro de Sudamérica, una pobreza reducida a la mitad, avances en educación y salud nunca antes vividos en la historia venezolana, una inflación galopante y un crecimiento económico hoy endeble aunque en el contexto de una crisis internacional en la que el principal país petrolero de América Latina no puede verse ajeno, y una sociedad dividida entre chavistas y anti-chavistas que no merece menos que reconocer la huella histórica que ha dejado, guste o no guste. No se trata de un tema de “gustos”, sino de reconocer que Venezuela no será la misma antes ni después de Hugo Chávez Frías.
Chávez asumió en 1999 cuando nadie en América Latina se decía “de izquierda”, ni siquiera él, convencido de que era necesario dar vuelta definitivamente la página nada pequeña del neoliberalismo en Venezuela, para lo cual era necesario romper con el bipartidismo gobernante entre los democristianos y la socialdemocracia del COPEI, que habían traído una quietud política que hacía juego al conservadurismo del establishment local y su juego a ciertos intereses internacionales, principalmente los norteamericanos como principal fuente regional de abastecimiento de petróleo.
El primer camino elegido por Chávez fue tras el “Caracazo” (1989), y fue mediante el quiebre de las instituciones venezolanas. Fue golpista y dirigió el intento de Golpe de Estado de febrero de 1992 en Venezuela. Intento que acabó con su fracaso y que pagó con la cárcel por sedición, haciéndose personalmente cargo por tales actos, actitud que el pueblo venezolano observó con asombro: era la primera vez que un militar golpista y una figura política decía “sí, fui yo, y asumo la total responsabilidad por esto”. Así Chávez, junto con los principales líderes de la intentona golpista, pasó 2 años en la prisión de San Francisco de Yare esperando juicio. En prisión co-escribió Cómo salir del laberinto, mientras su popularidad aumentaba como una figura política alternativa al sistema gobernante. Finalmente fue liberado el 27 de marzo de 1994 tras el sobreseimiento que le otorgó el ex-presidente Rafael Caldera, parlamentario y principal dirigente del COPEI en el poder, como parte de un acuerdo político con sectores de izquierda para lograr un apoyo al gobierno en medio de una crisis política y económica de pocos precedentes en Venezuela.
En 1998 organizó el Frente por la V República: partido político que lo llevaría al poder al año siguiente con un inmenso apoyo popular, producto de la acumulación política de más de un lustro. Ello rompía el esquema del bipartidismo, pero no necesariamente se diferenciaba de otros ex militares golpistas que asumían la presidencia de su país con el fin de hacerse de los recursos del Estado y negociar prebendas personales. Su gobierno prometía cambios aparentemente radicales basados en una reforma constitucional, pero los compromisos anteriormente asumidos por Venezuela respecto de sus contratos petroleros hacían que ese país tuviera poco margen de maniobra para tales cambios. Sin embargo, Chávez asumió la presidencia con un genuino ánimo de trasformación sobre todo respecto de la situación en la que vivían las mayorías sociales venezolanas. Para ello, en un “pero-Estado” como Venezuela, el control sobre la producción de crudo era esencial como fuente de divisas que distribuir en planes sociales, en programas de educación, de salud y de vivienda, por ejemplo. Pero lo que sí sorprendió –y de no muy buen modo en los estamentos estadounidenses- fue que a ello se le sumase la reforma constitucional, la cual hizo efectiva en el año 2000. Eso modificó las bases del aparato del Estado venezolano, otorgó nuevos derechos sociales y barajó de nuevo la política sobre los recursos económicos en Venezuela. Y la respuesta no se hizo esperar demasiado tiempo... Cuando en 2002 fue el nuevo intento de Golpe de Estado, esta vez contra Chávez, los golpistas respondieron a una organización que funcionó al ritmo de Washington y que, tras el fracaso dos días después de la deposición de Chávez, no tuvieron la altura de asumir la prisión por lo que pidieron sendos indultos.
De este modo, el “proceso bolivariano” se radicalizó y pasó a ser una abierta “revolución bolivariana y socialista”. Es a partir del golpe de 2002 que Chávez vira decididamente hacia una izquierda más radical, y es el momento en que acuña su “socialismo del siglo XXI” para reflejar la necesidad de reescribir un ideario y una práctica de izquierda, transformadora, que no se atara a los formatos soviéticos, socialdemócratas o demás procesos identificados con la guerra fría, como el maoísmo. Se acerca mucho más en su alianza con Fidel Castro y se profundiza a partir de allí su persecución y estudio por un camino nuevo dentro de la izquierda latinoamericanista.
La reforma constitucional fue clave no solo para Venezuela sino para las demás naciones de la región en donde también se vivieron reformas constitucionales. El hecho de una renovación constitucional como la de la Constitución Bolivariana de 2000 puede ser tomado como un hecho de referencia frente a otras reformas constitucionales igualmente profundas o de incluso una mayor hondura política, como ser en los casos de las enmiendas constitucionales de Bolivia (2007) y de Ecuador (2008).
Aparejado a estos cambios, el proceso que significó el chavismo fue un quiebre en cuanto a la política histórica venezolana comparable en este sentido con el peronismo en Argentina. Con ello no digo que Chávez sea Perón, sino que el chavismo como proceso político en la historia de Venezuela ha dado una marca tan profunda como la dio en su momento el peronismo en los años ´40 en Argentina. Así como el paso de Perón no puede ser ninguneado en términos históricos para entender la historia argentina de este último siglo, tampoco ha de poder obviarse la huella que el chavismo ha dejado marcada en la historia venezolana.
Pero tampoco este proceso quedó exento de críticas o de rasgos nada envidiables. La marcada tendencia a una concentración unipersonal del poder es un rasgo que Chávez ha encarnado casi como ninguno. Ello marcó un problema notable dentro de las propias filas del chavismo al momento de tener que afrontar elecciones presidenciales frente a escenarios donde la reelección no fuera posible –como ocurrió con el último mandato, cuya candidatura solo pudo ser posible mediante una interpretación de puntos oscuros de la Constitución Bolivariana- o mismo frente a la propia enfermedad del Presidente y la continuidad del gobierno. El dilema de los procesos personalistas es precisamente cuando se pone en riesgo la continuidad del proceso sin la figura del líder. Y esto se ha vivido en distintos momentos y lugares (y vuelve a mi mente el “peronismo sin Perón” de Augusto Vandor, y quien fuera hasta el día de hoy calificado como no menos que “traidor” por los propios peronistas. Pero cierto es que estos procesos viven su impronta al son del latido de la figura de su líder, lo cual le pone piso y a la vez techo: nadie tiene comprada una vida eterna o un poder ilimitado. y esta debió ser una de las principales encrucijadas a las que Chávez debió someterse, y lo hizo no por propia voluntad sino frente a una enfermedad terminal avanzada y con un posible escenario complicado para su tratamiento. Y solo en ese marco, Chávez designó como sucesor político a Nicolás Maduro, su Vicepresidente.
Otro de las críticas más recurrentes es la del carácter “dictatorial” de Chávez. Y en este punto hay que resaltar que, de haberlo sido, Chávez tuvo un perfil notable como dictador: se trataría, pues, del dictador más votado en la historia. Chávez gano 14 de 15 procesos electorales, lo cual marca un récord electoral tanto en cantidad de veces como en cantidad de sufragios. Debe tenerse en cuenta también el hecho de que en Venezuela las elecciones no son obligatorias, como ser en caso de Argentina, pero que ello no ha quitado que haya acudido el 80% del padrón electoral en forma recurrente para apoyar al chavismo. Esto es algo que dictadores en serio no contaron… Pero hay más. Podría decirse que todas estas elecciones, todas ellas, durante nada menos que 14 años, han estado todas arregladas, que la corrupción (que no es menor en Venezuela como tampoco en el resto de América Latina) ha percudido el sistema electoral venezolano de forma tal que las elecciones fuesen un mero trámite, una opereta ligera, un montaje. Pues la mayoría de estas elecciones ocurrieron con la observación de organismos internacionales tales como la OEA o la Fundación Jimmy Carter, ninguna de ellas precisamente “aliadas” del chavismo, sin que se le pudieran hacer objeciones que menoscabaran un ápice la legitimidad y la legalidad de todas estas elecciones. De hecho, Jimmy Carter –Premio Nobel de la Paz- elogió el sistema electoral venezolano bajo las presidencias de Chávez, con lo cual el calificativo de “dictadura” es cuanto menos fuertemente debatible incluso desde la óptica liberal norteamericana, es decir desde un punto objetivamente anti-chavista. Sí pueden resultar válidas las críticas a la concentración de poder, al “estilo” de su ejercicio, pero no a su legitimidad o legalidad, por lo menos no desde un punto de vista serio.
Luego del intento de golpe contra Chávez, fue el paro petrolero de PDVSA a fines de 2002 e inicios de 2003: un lock-out organizado desde dentro y desde fuera de Venezuela todavía más graves que los realizados contra Allende durante su mandato en Chile. Y no obstante pudo soportar el paro. La respuesta del gobierno fue –y nuevamente por más- controlar PDVSA, que pasó a ser una empresa con control estatal, pieza clave de la economía del país.
El otro factor central que había operado durante el golpe de 2002 habían sido los medios de comunicación, quienes le habían declarado al régimen chavista mucho más que una abierta oposición: una guerra mediática declarada, incluso apelando a abiertos llamados al Golpe de Estado y hasta el magnicidio. En España críticas mucho menores sobre la figura del monarca Juan Carlos de Borbón merecen penas de prisión inmediatas. En Venezuela parecieran “justificadas” en pos de una presunta libertad de expresión que parece poder justificar hasta la apología del delito contra un mandatario. Pero no hay normas de prisión en Venezuela contra este tipo de prácticas… Pese a ello, cuando a los años caducó la concesión de Globovisión –entre otras cadenas golpistas- el gobierno de Chávez no renovó tales permisos obligando al cierre de tales medios. Nada inocente la maniobra, pero tampoco fue hacia niños lactantes empapados de inocencia y candidez precisamente. A pesar de ello, la relación entre el chavismo y los medios de comunicación siempre fue más que tirante, incluso mucho más que en Argentina, lo cual también ha ayudado a distorsionar las lecturas de los hechos tanto desde el oficialismo como de la oposición, por lo que “la voz de la verdad” parece sonar más balbuceante que de modo nítido y claro.
También tuvo el raro privilegio de ser el primer mandatario en el mundo en poner a disposición su cargo para ser revocado. En 2004 la sociedad venezolana participó en un referéndum revocatorio del mandato presidencial, luego que la oposición hubiera conseguido una victoria parcial y haber acumulado las firmas suficientes como para solicitar tal referendo bajo las normas constitucionales que el propio Chávez había sancionado con la reforma. Pero el referendo favoreció fuertemente al chavismo, para sorpresa de la oposición que quedó derrotada nuevamente.
En 2006 impulsó un proceso político polémico con la creación del Partido Socialista Único (PSU) de Venezuela, de cara a las elecciones presidenciales de ese año, y que luego pasó a llamarse Partido Socialista Unido. La idea de desmantelar el FVR como “confederación de partidos” y sustituirlo como un “partido único”, alejaba al proceso del ideario original de inicios del 2000, y ello le valió duras críticas incluso desde dentro de las filas del chavismo. Del mismo modo fue el golpe más duro que recibió el régimen y que quiso ser minorizado por el propio Chávez con poco éxito: la única derrota electoral con el pedido de una nueva reforma constitucional en 2007. Chávez adujo que la derrota había obedecido a faltas de comunicación sobre su proyecto, pero la reelección indefinida así como otras medidas incluidas en la nueva reforma mostraban los límites del proceso bolivariano y de una sociedad no lista para aceptar tales modificaciones. El mandatario dijo en su momento que volvería a presentar la reforma “en días”, pero fueron días que se convirtieron en años, y fue una reforma que se hizo enmienda: recién en 2009 hubieron modificaciones a la constitución ya sancionada en 2000, con lo que el intento del chavismo se vio fuertemente frustrado.
Dentro del contexto regional, en medio de una crisis internacional muchas veces ya comparada con la Gran Depresión de los ´30, hace que el fallecimiento de una personalidad como Chávez, dirigente del principal país fuente de petróleo en la región para EEUU y un componente energético clave para el Mercosur, ideólogo además de procesos de integración como el ALBA, la creación de Petrocaribe, el Banco del Sur, o máximo referente en su rechazo declarado al ALCA, así como mentor de la CELAC, o como vinculo en las negociaciones entre Colombia y las FARC (principal conflicto armado en la región hoy), solo para mencionar algunas cuestiones de alto impacto en las que Chávez protagonizó, hace que su fallecimiento sea un hecho que deba sopesarse como un momento bisagra en la historia reciente de la región y también en algún modo a nivel internacional.
Se pone en juego nada menos que la continuidad del proceso bolivariano en Venezuela. Maduro ya ha sido designado formalmente como candidato a las nuevas elecciones –obedeciendo lo normado en el Art. 233 de la Constitución Bolivariana reformada con el chavismo- que impide una sucesión presidencial automática y manda a un nuevo proceso electoral, a pesar de haberse celebrado uno este mismo año en donde Chávez fue reelegido como mandatario por un nuevo período. Capriles será nuevamente el principal candidato por la oposición y nuevamente el referente de los sectores de la era política previa al chavismo. Pero pocas son las señales que puedan dar como resultado un vuelco del proceso bolivariano en Venezuela, lo cual no quita que el mismo pueda tener modificaciones –como también las tuvo el propio Chávez en estos 14 años-.
Pero más allá de los resultados electorales por venir, que no dejarán de ser importantes, la dirección que Hugo Chávez supo dar en la región será difícil de reemplazar. El liderazgo brasileño en ese tono no fue tan claro incluso durante las presidencias de “Lula” como tampoco con Dilma, y otros perfiles cercanos como ser los de Correa, Evo Morales o Mujica no llegan al peso de la impronta de Chávez. Una posibilidad sea que esos ojos de dirección comiencen a mirar a la Argentina de CFK, quien lo sabe… En tal caso, muy distinta sería esa dirección y –en términos personales- quizás no lleguen a alcanzar la misma dimensión que supo colocar el comandante de las fuerzas paracaidistas de Venezuela. El retiro del CIADI, el control sobre los recursos naturales, las fuertes tensiones con EEUU, no son factores con los que –hasta hoy- cuente el kirchnerismo para tal comparación. Y esto hace que la región sienta la ausencia de ese actor: un Chávez políticamente molesto en la región para los intereses acomodados que sea el “factor radical” que pueda promover cambios entre regímenes más o menos moderados como los habidos en los países de mayor peso en América del Sur: Brasil y Argentina.
Chávez deja una Venezuela como tercer país en términos de peso político y económico dentro de Sudamérica, una pobreza reducida a la mitad, avances en educación y salud nunca antes vividos en la historia venezolana, una inflación galopante y un crecimiento económico hoy endeble aunque en el contexto de una crisis internacional en la que el principal país petrolero de América Latina no puede verse ajeno, y una sociedad dividida entre chavistas y anti-chavistas que no merece menos que reconocer la huella histórica que ha dejado, guste o no guste. No se trata de un tema de “gustos”, sino de reconocer que Venezuela no será la misma antes ni después de Hugo Chávez Frías.
Categorias: Planet Not For Sale

